En política no hay casualidades, y cuando un alcalde empieza a hablar de licencias, registros y nuevos encargos, es porque algo se está cocinando en la olla… y no precisamente pozole.
Resulta que el alcalde de Bahía de Banderas, Héctor Santana García, ya dejo claro que analiza seriamente apuntarse para buscar la Coordinación de la Defensa de la Cuarta Transformación en Nayarit. Traducido al español político: quiere entrarle a la carrera grande y poner un pie en la antesala de la candidatura a gobernador.
CON UN PIE EN LA ANTESALA
Y mire usted que no es un movimiento menor. Porque cuando un presidente municipal habla de pedir licencia y aclara que no es compatible administrar recursos públicos mientras participa en una contienda interna, significa que la decisión está más avanzada de lo que algunos creen. Como dicen en el rancho: cuando el caballo ya está ensillado, difícilmente se queda en el corral.
FUEGO “AMIGO”
Pero hay otro detalle que no pasa desapercibido. Conforme ha crecido la figura política de Héctor Santana, también han aumentado los ataques en su contra. Lo curioso es que muchos de esos dardos no parecen venir de la oposición. Más bien tienen toda la pinta de provenir del famoso “fuego amigo”, ese que en política suele ser más peligroso que cualquier adversario declarado.
SIN ENGANCHARSE
Y aunque en los corrillos políticos todos tienen sus teorías y señalan a uno u otro personaje, lo cierto es que el alcalde ha evitado caer en la tentación de responder con nombres y apellidos. No se ha querido enganchar en pleitos públicos ni entrar al intercambio de acusaciones que tanto gusta en las redes sociales. Ha preferido seguir inaugurando obras, recorriendo colonias y dejando que otros hagan el trabajo de golpeteo.
LA GENTE NO ES INGENUA
Eso sí, en Bahía de Banderas y en buena parte de Nayarit, la gente no es ingenua. Los ciudadanos observan, escuchan y sacan sus propias conclusiones. Y cuando los ataques aparecen de manera sincronizada, con los mismos argumentos y en los mismos momentos políticos, pocos dudan de dónde sopla el viento.
Lo interesante es que, lejos de debilitarlo, pareciera que esos embates han terminado por colocarlo aún más en el centro de la conversación pública. Porque en política existe una regla no escrita: pocas cosas posicionan más a un aspirante que convertirse en objetivo de quienes también aspiran.
CARTA DE PRESENTACIÓN
Porque más allá de simpatías o diferencias partidistas, hay que reconocer que Bahía de Banderas ha visto una dinámica de obra pública pocas veces observada en los últimos años. El propio Santana presume —y no pierde oportunidad de hacerlo— que las calles y obras que está entregando no están hechas con el famoso “chapopote electoral” que se desmorona antes de que termine el periodo de gobierno.
Claro que al municipio todavía le falta muchísimo. Sería absurdo decir lo contrario. Las necesidades siguen siendo enormes y el crecimiento acelerado de Bahía exige infraestructura por todos lados. Pero también es cierto que administrar un presupuesto superior a los tres mil millones de pesos y lograr que las obras se vean, se sientan y se utilicen diariamente no es algo que cualquier alcalde pueda presumir.
QUÉ CARAY
Por eso la posible salida de Héctor Santana genera sentimientos encontrados. Si se va, Bahía de Banderas perdería a un alcalde inquieto, trabajador y de esos que prefieren el territorio antes que el aire acondicionado de la oficina. Pero, si las cosas le salen como él espera, Nayarit podría estar ganando a un serio contendiente para gobernar el estado.
Falta camino por recorrer y en política los finales felices sólo existen hasta que cuentan los votos. Pero una cosa parece clara: la sucesión nayarita comenzó a calentarse y Héctor Santana ya decidió que no quiere verla desde la tribuna.
SU GRAN APUESTA
Y mientras algunos lanzan piedras escondiendo la mano, él parece apostar a que hablen las obras. Si esa estrategia le alcanza para llegar a la candidatura y después a la gubernatura, eso lo decidirán Morena primero y los nayaritas después.
Al tiempo… porque los tiempos políticos corren más rápido que los calendarios y, en Nayarit, la carrera ya arrancó.
