Debemos comenzar diciendo… y como dijo “don Teofilito”, ni sucederá?, dicen que en política hay dos tipos de gobernantes: los que inauguran hasta el cambio de un foco… y los que prefieren que la obra hable por ellos. En Puerto Vallarta estamos viendo algo curioso: las obras sí hablan… aunque a veces pareciera que lo hacen en voz bajita, no vaya a ser que las escuche algún reportero.
Porque, guste o no, hay que reconocer cuando las cosas caminan.
PARA SER JUSTOS
Y hoy, para ser justos, el Gobierno de Jalisco trae el acelerador a fondo en Puerto Vallarta.
No es poca cosa que se estén ejecutando, prácticamente al mismo tiempo, obras como el Hospital Civil de la Costa, la avenida del Puente Federación, la rehabilitación de la Unidad Deportiva “Alfonso Díaz Santos”, el Centro Regional de Atención para Personas con Trastorno del Espectro Autista y otros proyectos que, de concretarse como fueron planeados, cambiarán parte del rostro de la ciudad.
Hay que decirlo con todas sus letras: hacía muchos años que un gobernador no mostraba un compromiso tan evidente con Puerto Vallarta como el que hoy está mostrando Pablo Lemus Navarro. Y eso, aunque a algunos les provoque urticaria política, también merece decirse.
Pero donde muchos vallartenses ya empiezan a hacer cuentas alegres, es con el transporte público ¡por fin!
Porque subir a un camión en ciertas horas ya parecía deporte extremo. Uno nunca sabía qué iba a llegar primero: el autobús… o la jubilación.
EL ESPERADO ANUNCIO
Ahora anuncian 18 nuevas unidades, de las cuales diez serán esos famosos “gusanos”, articulados, eléctricos, con aire acondicionado y una frecuencia máxima de quince minutos entre uno y otro: quince minutos…
Nada mal para una ciudad donde más de uno ya conocía de memoria hasta el árbol donde esperaba el camión durante cuarenta minutos bajo un sol que derrite hasta las buenas intenciones.
¿QUIÉN LO DIJO?
Según explicó el secretario de Infraestructura y Obra Pública, David Zamora Bueno, el proyecto avanza al mismo ritmo que la infraestructura necesaria para hacerlo funcionar, incluyendo la estación de carga eléctrica rumbo a Ixtapa.
Eso significa que, por primera vez en mucho tiempo, no sólo llegan los camiones; también están construyendo las condiciones para que realmente operen.
Y ahí está la diferencia entre improvisar y planear. Pero como en esta columna también repartimos piquetes cuando hacen falta… ahí va uno.
DINERO DEL PUEBLO
Resulta curioso que en estas visitas de supervisión a las obras casi nunca aparezca la prensa local.
No porque los periodistas quieran salir en la foto —aunque alguno nunca desaprovecha la oportunidad de acomodarse junto al funcionario de moda—, sino porque la ciudadanía tiene derecho a conocer de primera mano qué se está haciendo con los recursos públicos.
Las obras son de todos. Los impuestos son de todos. Los beneficios serán de todos. Entonces… ¿por qué las supervisiones parecen eventos privados?
TODO INFORMAN
La mejor propaganda para cualquier gobierno no es esconder el trabajo. Es mostrarlo. Es permitir preguntas.
Es caminar junto a quienes todos los días informan a la sociedad.
Porque una obra supervisada también debe ser una obra observada.
La transparencia nunca estorba; al contrario, fortalece.
ESPEREMOS
Ojalá que en las próximas giras haya espacio para los medios de comunicación. No para aplaudir. No para criticar por deporte. Simplemente para cumplir con su función.
Porque cuando un gobierno trabaja, vale la pena que la gente lo vea.
Y cuando además abre las puertas para que todos lo constaten, entonces la confianza también empieza a construirse… igual que las carreteras, los hospitales y los nuevos camiones.
Al final, las obras pueden transformar una ciudad.
Pero la transparencia es la que termina construyendo ciudadanía.
