Ya era hora de que reaccionara el presidente municipal.
Porque una cosa es gobernar con tolerancia, escuchar, negociar y buscar consensos… y otra muy diferente es permitir que algunos entiendan la tolerancia como debilidad.
Y durante demasiado tiempo, esa fue la impresión que quedó en el aire: que al arquitecto Luis Munguía algunos regidores, propios y extraños, ya lo estaban confundiendo con tapetito.
Sí, de esos que uno coloca en la entrada para que todos pasen por encima, se limpien los zapatos y sigan como si nada.
Pero parece que el tapete se sacudió. Y vaya que hacía falta.
DECISIONES INCÓMODAS
Porque gobernar no solamente consiste en inaugurar obras, tomarse la fotografía y aparecer en los eventos. Gobernar también significa tomar decisiones incómodas, poner orden en la casa y recordar que el dinero público no es una alcancía de intereses particulares.
Por eso resulta relevante la decisión de impulsar un plan integral para optimizar la nómina municipal.
GENERAR AHORROS
No se trata, al menos en el discurso, de recortar por recortar ni de hacer números nada más para presumirlos. Se trata de racionalizar recursos, eliminar excesos y generar ahorros que puedan regresar a donde verdaderamente deben estar: en las calles, en los servicios, en las obras y en la atención que reciben las familias vallartenses.
GASTO Y NO AHORRO
Porque, a fin de cuentas, el presupuesto municipal tiene dueño. Y no son los regidores, no es el alcalde, no son los funcionarios, es la gente de Puerto Vallarta.
Ahí está precisamente el punto que no debe perderse de vista.
Si una administración logra gastar mejor, ahorrar recursos y convertir esos ahorros en infraestructura, servicios y atención, entonces la decisión comienza a tener sentido más allá de la grilla política.
Y sí, seguramente habrá quien proteste.
DE QUÉ ESTÁ HECHO
Siempre hay quien protesta cuando le mueven la silla, el escritorio… o la comodidad.
La política tiene esa curiosa costumbre de que algunos defienden el interés público con una pasión extraordinaria, justo cuando el interés particular empieza a sentirse amenazado.
Pero ahí es donde el gobierno debe demostrar de qué está hecho.
Porque consenso no significa complacencia.
Escuchar a todos no significa obedecer a todos.
TIENE LA OPORTUNIDAD
Y gobernar para todos tampoco significa permitir que unos cuantos dicten la agenda.
Luis Munguía tiene ahora la oportunidad de demostrar que aquella tolerancia que algunos confundieron con pasividad era, simplemente, una decisión de esperar el momento adecuado para poner orden.
Y poner orden nunca ha sido sencillo.
Mucho menos cuando se toca la nómina, porque ahí aparecen los expertos en explicar por qué todo está perfecto… hasta que alguien pregunta cuánto cuesta.
PRIVILEGIOS
Por eso la decisión tendrá que medirse con resultados.
Menos gasto improductivo y más obra.
Menos privilegios y mejores servicios.
Menos burocracia innecesaria y más atención para los ciudadanos.
Ahí estará la verdadera vara.
Porque anunciar ahorros es fácil. Lo difícil es que esos ahorros se conviertan en beneficios que la gente pueda ver y sentir.
Y si eso ocurre, entonces el mensaje será claro: administrar con orden también es gobernar.
Y quizá, de paso, algunos regidores descubran que el presidente municipal no estaba dormido, distraído ni mucho menos pintado en la pared.
Simplemente estaba aguantando.
Hasta que se acabó la paciencia.
Y cuando el tapetito se sacude, más de uno termina perdiendo el polvo que traía escondido.
Porque, como decía mi abuela Petra: “Para lo limpio, ni jabón se ocupa.”
Y en política, cuando las cuentas empiezan a cuadrar y los resultados aparecen, hasta las explicaciones sobran.
