Hay dolores que no los cura el tiempo. Los vuelve más profundos.
Para María Araceli, el calendario se detuvo el 16 de agosto de 2025, cuando su hijo, Irak Israel, de apenas 17 años, salió a trabajar y nunca regresó.
Ha pasado más de un año. Doce meses de ausencia, de preguntas y de esperar respuestas que, hasta ahora, parecen no llegar.
RECLAMAN JUSTICIA
Irak, estudiante del COBAEJ, murió tras un accidente vial ocurrido en la zona de Mojoneras. El hombre señalado de estar al volante recuperó su libertad después de pagar 100 mil pesos.
Tres magistrados —Antonio Flores Allende, Armando Ramírez Rizo y Damián Campos— determinaron que podía continuar con su vida.
La familia de Irak, en cambio, tuvo que aprender a continuar con la suya sin él.
Y ahí comienza otra parte de esta historia que lastima tanto como la pérdida.
SU CALVARIO
Cuando María Araceli acudió a buscar respuestas, según denuncia la familia, en la Fiscalía Anticorrupción le dijeron que “no es una víctima” y que debía aportar pruebas.
Como si una madre tuviera que convertirse en investigadora para demostrar por qué merece justicia.
SIN RESPUESTA
Entonces aparecen las preguntas:
-¿Dónde están las grabaciones?
-¿Qué dicen los partes viales?
-¿Quién llegó primero al lugar?
-¿Quién movió la motocicleta y con qué facultades?
-¿Qué pasó realmente aquella mañana?
La carpeta 399/2026 sigue su curso, mientras para la familia cada día que pasa es otro día sin respuestas.
DE AHÍ EL MALESTAR
Y cuando la justicia institucional no parece suficiente, llega la protesta.
La familia evalúa cerrar la carretera federal 200 el próximo miércoles 23 de septiembre.
Seguramente habrá quien se enoje por el tráfico.
Habrá quien diga que no es la manera.
Y quizá tengan razón en que una carretera cerrada afecta a miles.
JUZGAR A UNA MADRE
Pero antes de juzgar a una madre por cerrar una carretera, habría que preguntarse cuántas puertas tocó antes de llegar a la calle.
Porque nadie pierde un hijo y después decide convertirse en activista por gusto.
Se llega ahí cuando el dolor se mezcla con la impotencia.
Cuando los expedientes avanzan lentamente, pero el duelo no espera.
Cuando las autoridades hablan de procedimientos y una familia solamente quiere saber por qué su hijo no volvió.
LA FRASE
Por eso aquella frase tiene tanta fuerza:
“Tú llegarás tarde; mi hijo no.”
No es solamente una consigna.
Es la diferencia entre quien puede llegar tarde a su casa y quien ya no llegará nunca.
Irak no va a regresar.
Eso nadie puede cambiarlo.
Pero sí puede cambiarse la manera en que se atiende a una familia que lleva más de un año esperando justicia.
Porque un expediente puede tener un número.
Un accidente puede tener una carpeta.
Un detenido puede tener una fianza.
Pero un hijo tiene nombre, rostro, sueños y una familia que lo espera para siempre.
PLANTEO UNA PREGUNTA
Y si para que alguien escuche a esa familia tiene que sonar el claxon de una carretera bloqueada, entonces quizá el problema no esté solamente en quienes protestan.
Quizá el verdadero problema sea que nadie los escuchó antes.
Esta columna solamente dejan una pregunta sobre la mesa: ¿cuánto tiempo más tendrá que esperar una madre para que la justicia llegue?
Porque Irak ya no puede llegar tarde.
Irak ya no puede llegar.
Y esa diferencia debería bastar para que alguien, finalmente, haga algo.
