Hasta diciembre dicen que hay tiempo… y claro, ¡qué generosidad! Les sobran meses para acomodar todo a su antojo, afinar el montaje y presentar al tan esperado “defensor de la cuarta transformación”. Que no nos engañen: todos sabemos que ese nombramiento no es más que el pase VIP, la antesala con letrero luminoso rumbo a la gubernatura. ¿Sorpresa? Ninguna. ¿Inesperado? Menos. Es tan predecible como que en diciembre hace frío.
EL LODO
Mientras el reloj avanza, Héctor Santana ya salió a sacudirse el polvo —como quien se quita los zapatos llenos de lodo antes de entrar a la sala, para que no se note de dónde vino. Dijo que venía con todo, que su proyecto era el bueno y que no se inmutaba por los ataques. Una postura digna de admiración… si no fuera porque el peso que traía encima no se va con un solo discurso, por muy contundente que suene.
LE ESTÁN SUBIENDO
Y aquí viene lo que ya olía desde cuadras atrás, lo que cualquiera con dos dedos de frente ve sin necesidad de ser adivino: están subiendo de la nada, o mejor dicho, están subiendo en la percepción a otros nombres, como la alcaldesa de Tepic, Geraldine Ponce; o los senadores Pavel Jarero Velázquez y Jasmine Bugarín Rodriguez. ¿Casualidad? ¡Por favor! Ni el que menos sabe se lo traga. Está a todas luces planeado, cronometrado y ejecutado con manual en mano. Es como ver a alguien repartir cartas marcadas y pretender que todo es azar.
YO NO ME CHUPO EL DEDO
Porque aquí se nota, y se nota muchísimo: los dados vienen cargados desde la dirigencia nacional, con peso extra y todo. Como decía Ramón Frías: “yo me chupo el dedo por cochino, no por pendiente…”. Y aquí nos estamos chupando el dedo viendo el espectáculo, no por ingenuos, sino porque la jugada está tan a la vista que hasta da risa — y risa, y un poquito de vergüenza ajena, la verdad.
“SERENOS MORENOS”
Héctor ya soltó su frase estrella: “serenos morenos”, una indirecta tan directa que casi golpea en la cara a sus compañeros de partido. ¡Qué bonito llamado a la calma! Mientras tanto, por debajo de la mesa se empujan, se pisan y se buscan bajo la mesa. Serenos dicen… pero aquí, entre líneas y entre víboras, nadie está tan tranquilo como aparenta. Es como pedirle calma a un gallo justo antes de soltarlo en la pelea.
DE LEJOS…
Y así seguimos, viendo cómo ruedan los dados — aunque ya sabemos de antemano qué número van a caer. Porque cuando el juego está arreglado desde arriba, lo único que cambia es el discurso… y a veces… ni eso.
