Este título me trajo recuerdos de infancia “todos quieren ver a Olga (Breeskin)”. Llegó Claudia a Guadalajara y el Auditorio VFG se llenó más que el estadio en el último partido del equipo local. Gente de todos lados, empujones, prisas, caras de emoción… como si hubiera llegado el mismísimo Vicente con su mejor traje de gala. Y vaya que el lugar tenía el escenario perfecto: ahí estaba el gobernador, Pablo Lemus, sonriendo tanto que casi se le agota la batería, moviendo la mano como abanico en día de calor, luciendo orgulloso como el anfitrión que no se quiere perder ni un segundo de cámara. A su lado, la viuda de Vicente Fernández, Cuquita Abarca; con esa elegancia que no se le compra a nadie, aportando ese toque de casa, de historia, de que aquí sí hay raíces bien puestas.
AUNQUE SEA TANTITO
Todos querían estar cerca, todos querían el saludo, todos querían que la lente los capturara aunque fuera un parpadeo. Se estiraban más que elástico viejo, buscando el ángulo, el momento, el gesto. Porque ya se sabe: el que no sale en la foto, no existe. Y en esto de la política, la invisibilidad es peor que perder las elecciones. Fue un evento bonito, ruidoso, bien montado… pero uno se queda pensando: ¿cuánto fue entusiasmo de verdad y cuánto fue puro «ahí voy yo, no me dejen fuera»? La gente aplaude, sí, pero los que saben mirar, notan que muchos más que escuchar, lo que querían era ser vistos.
Los aspirantes que se acarician: ¿prudencia o miedo a que se caiga el arreglo?
NI CON EL PÉTALO…
Y mientras el escenario brillaba con luces y aplausos, por debajo andaba lo verdaderamente curioso, lo que nadie dice al micrófono, pero todos murmuran en los pasillos. Resulta que tenemos aspirantes para dar y regalar: Ra Aguilar, Juan Carlos Castro, Yussara Canales… y ¡milagro sin precedentes! Nadie dice ni «pío «. Se tratan con una delicadeza que daría envidia. Se miran, se saludan, se miden… y nadie suelta el primer latigazo. Ni en las encuestas, ni en declaraciones, ni en redes. Como si se hubieran puesto de acuerdo, una tregua para no incomodarse, no ensuciarse, en no levantar polvo.
¿Será que de verdad se admiran tanto? ¿Será que comparten asesor y por eso se cuidan la espalda? ¡Vámonos dejando de cuentos! En política la amabilidad casi nunca es bondad, es cálculo frío. Nadie quiere ser el primero que se equivoque, nadie quiere quedar como el agresor antes de que el tablero esté completo, nadie quiere ganarse un enemigo cuando todavía no se sabe quién va a ser el aliado.
NO CREO, PERO…
Y aquí entra lo que ya se dice en voz baja por todos lados: los rumores corren más rápido que caballo sin freno, y apuntan a que Luis Munguía está a punto de cerrar la gran alianza —Morena, PT y Partido Verde, todos abrazaditos como hermanos que nunca se pelearon. Si eso es cierto, todo cambia de un momento a otro. Los nombres, los lugares, las oportunidades. ¿Y por qué arriesgarse a pelear hoy, si mañana pueden ser compañeros de boleta? ¿Por qué morder la mano si mañana puede ser la que te lleve arriba?
Todo se siente extraño, todo está muy raro… y eso que apenas empiezan las campañas. Lo que normalmente se vería hasta el año que entra, ya está aquí, corriendo a toda velocidad. «Todo se adelantó», dicen por ahí. ¿Para bien? ¿Para mal? Nadie lo sabe todavía. Lo que sí se nota es que nadie está jugando con las cartas sobre la mesa… y eso siempre da qué pensar.
RÁPIDO SUBE, RÁPIDO…
Lo que vimos en el VFG (Vicente Fernández Gómez) fue el escenario montado, las sonrisas calibradas y el espectáculo bien ensayado. Pero lo que no se ve —los silencios de los que callan para no estorbar, las sonrisas de los que esperan su turno, las alianzas que se cierran en la sombra antes que en la luz— es lo que de verdad va a definir el rumbo de todo esto.
Vivimos tiempos donde todos quieren el poder, pero pocos se atreven a mostrar las cartas. Todos quieren estar en la foto, pero nadie se atreve a decir qué hará después. Las alianzas no se cierran por ideales, se cierran por conveniencia. Los silencios no son prudencia, son espera. Y la prudencia de hoy puede ser la trampa de mañana.
Ahora nadie pone en duda que las campañas se adelantaron. Pero recuerden esto: lo que se construye con prisa, a veces se derrumba con la misma rapidez. Y cuando se caiga el telón y se apaguen las luces, veremos quién vino de verdad a trabajar y quién solo venía a buscar un lugar en la fotografía.
