El 25 de junio tres jovencitos, dos mujeres y un hombre, desaparecieron en las inmediaciones del poblado El Zancudo. Supuestamente habían sido levantados por el crimen organizado cuando esperaban un autobús urbano sobre la carretera 544 para acudir a una ceremonia de graduación escolar en Ixtapa.
Las redes sociales estallaron de inmediato y durante varios días la noticia fue tendencia a nivel nacional. Finalmente los tres jóvenes reaparecieron con vida al regresar por su propio pie a sus casas, dándole a la historia un final feliz.
Antier dos jovencitas que habían sido reportadas como desaparecidas en el poblado Tebelchía, a unos cuantos kilómetros de El Zancudo, fueron localizadas sin vida en las márgenes del Río Ameca, con visibles señas de violencia física.
Y las redes sociales guardaron silencio. Como si la indignación ciudadana fuera un recurso natural no renovable. Como si entre más lejos de la cabecera municipal ocurrieran las cosas menor será el impacto de enojo e indignación en la opinión pública.
Tal vez a eso le apuestan nuestros políticos, esos que a 10 meses de la próxima elección ya andan en abierta campaña, prometiendo todo lo que harán para resolver los grandes problemas de nuestro municipio.
Y el principal responsable de esta situación, el alcalde Luis Munguia, ya anda en campaña también, en busca de la reelección para someter a Puerto Vallarta a otros tres años de abandono e inseguridad.
En junio del 2025, según una encuesta del Inegi, el 27% de los vallartenses decía sentirse inseguro. Un año después, según el mismo inegi, esa percepción de inseguridad se ha incrementado en un 122%, porque en la actualidad 6 de cada 10 vallartenses dicen sentirse inseguros.
Esta percepción de inseguridad no se debe principalmente a los violentos acontecimientos del 22 de febrero cuando más de 60 tiendas Oxxo fueron incendiadas por el crimen organizado.
No, la percepción de inseguridad sube cada que un motoladrón arrebata una bolsa a una señora o asalta a mano armada a un ciudadano al amparo de las sombras en muchas colonias de la ciudad o a la salida de un banco a plena luz.
El miedo crece porcentualmente cuando aparecen mujeres muertas arrojadas en las calles de la ciudad, cuando desaparecen jovencitas que tristemente son encontradas sin vida en zonas despobladas de la ciudad.
Y el gran responsable de esto, el que prometió encabezar el gobierno del bien, el que se comprometió a erradicar el mal, ya anda en campaña de nuevo, derrochando millones de pesos del presupuesto municipal en la compra de miles de votos que le garanticen su reelección.
Impresiona la civilidad de una sociedad agraviada hasta el exceso, que pese a eso se digna a recibir en su colonia, en su cuadra, al principal responsable del abandono en que se encuentra el municipio, quebrado financiera y moralmente por culpa de un pésimo gobierno.
Tristemente aquí queda como anillo al dedo el viejo proverbio que dice: los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.
¿Cuántas jovencitas tendrán que morir en Puerto Vallarta antes de que Luis Munguia sea llamado a cuentas?
¿Cuántas mujeres más deberán ser arrojadas sin vida en la vía pública antes de que este alcalde asuma su responsabilidad y muestre un poco de vergüenza pidiendo perdón a los que hoy sufren las consecuencias de su ineptitud?
Pero mientras ese milagro ocurre, el arquitecto seguirá recorriendo el municipio arropado por sus ejércitos verdes que lo aclaman como auténtico rey egipcio, faraón indiscutible del cinismo y la desvergüenza.
