Hay casos que parecen novela policiaca. Empiezan con un disparo y terminan con un directorio telefónico de detenidos.
El asesinato de Carlos Manzo, aquel polémico alcalde de Uruapan y líder del llamado Movimiento del Sombrero, ya suma 31 personas detenidas. Treinta y uno. Y, sin embargo, la pregunta sigue caminando sola por los pasillos de la opinión pública: ¿ya está resuelto el caso… o apenas estamos armando el rompecabezas?
WOW, EL “R1”
Este jueves fue capturado Ramón Ángel Álvarez Ayala, alias “R1”, señalado por las autoridades federales como el presunto autor intelectual del crimen. Una detención importante, sin duda. Un golpe relevante contra una estructura criminal que, según el Gobierno de México, operaba con extorsiones, homicidios y narcotráfico en Michoacán.
Pero aquí es donde la víbora levanta la cabeza. Porque cuando un expediente comienza a llenarse de nombres, alias, operadores, mensajeros, coordinadores, escoltas, enlaces, halcones, autores materiales, presuntos autores intelectuales y quién sabe cuántos personajes más… uno termina preguntándose si el crimen tuvo un cerebro… o una asamblea general.
NO ES “SOSPECHOSIMO”
No es “sospechosismo”. Tampoco se trata de descalificar el trabajo de las autoridades, que han logrado importantes capturas y cuyos resultados deberán sostenerse en los tribunales. Lo que resulta inevitable es preguntarse cómo una sola bala parece cargar sobre sí una lista interminable de responsables.
Y ahí es donde conviene ser prudentes. Porque en México también hemos visto investigaciones que empiezan anunciando culpables con bombo y platillo para después desinflarse en los juzgados. O expedientes donde el entusiasmo mediático corre más rápido que las sentencias. Por eso, más que celebrar anticipadamente, habrá que esperar a que las pruebas hablen con la fuerza que exige la justicia.
LA VIUDA
Mientras tanto, hay una víctima silenciosa que casi ha quedado fuera de los reflectores.
Grecia Itzel Quiroz García, la mujer que perdió a su esposo y que, de un día para otro, tuvo que asumir la presidencia municipal de Uruapan. No solamente enfrenta el duelo personal; también heredó uno de los municipios más complejos de Michoacán, con enormes retos de seguridad, gobernabilidad y estabilidad política. Gobernar mientras se procesa una tragedia personal no debe ser una tarea sencilla para nadie.
Y AHORA…
Y entonces vuelve la pregunta -¿y ahora qué sigue?
-¿La captura del “R1” será realmente el punto final del caso? ¿O dentro de unas semanas aparecerá otro presunto autor intelectual? ¿Y otro operador? ¿Y otro enlace? ¿Y otro personaje indispensable para explicar lo ocurrido?
La justicia no se mide por el número de detenidos. Se mide por la verdad que logra acreditar, por las sentencias que resisten el escrutinio de los jueces y, sobre todo, porque las víctimas encuentren respuestas, no únicamente conferencias de prensa.
YA ESTAMOS CANSADOS
Porque al final, una investigación sólida no necesita inflar cifras; necesita cerrar dudas.
Como decía la abuela Petra Navarro: “La verdad no necesita hacer fila; tarde o temprano llega sola”. Ojalá que esta vez así sea.
Porque México ya está cansado de expedientes interminables… y de preguntas que sobreviven mucho después de los disparos.
