Cierto día le pregunté a mi madre, Yolanda:
– ¿A dónde vas mujer?
Y me dijo:
-Voy a Gigante, la tienda de autoservicio de moda por aquellos años, en Plaza Caracol.
Y ¿a qué vas? ¿llevas dinero? le pregunté
Y me contestó:
-El aire acondicionado no lo venden, -me replicó-, y voy a refrescarme del calor, finalizó.
COSTCO LA QUE MÁS VENDE
Dicen que los economistas tienen indicadores muy sofisticados para medir cómo anda la economía: inflación, consumo, confianza del consumidor, crecimiento del PIB y quién sabe cuántas cosas más. En Puerto Vallarta ya encontramos uno más sencillo y mucho más preciso: el estacionamiento de Costco.
Porque sí, el estacionamiento está hasta el tope. Uno da vueltas y vueltas buscando lugar y piensa: “Caray, qué bien le está yendo a la gente”. Pero basta cruzar la puerta para descubrir la triste realidad. Los carritos ya no van llenos de televisiones, cortes de carne premium, quesos importados y cajas gigantes de chocolates. Ahora llevan una que otra cosita, cuando mucho.
NO ESTÁN COMPRANDO
La explicación la dio un trabajador con la sinceridad que solo da el calor de mayo: “La gente no está comprando. Si los estacionamientos están llenos no es porque gasten, vienen a refrescarse con el aire acondicionado y a las degustaciones”.
AFUERA, EL SOL… DERRITE
Y la verdad, tiene lógica: Costco se ha convertido en una especie de oasis popular. Mientras afuera el sol derrite banquetas y carteras, adentro el aire acondicionado funciona a todo vapor. Hay muestras gratis de salchichas, quesos, galletitas y cualquier producto que ande en promoción. Algunos ya hasta conocen el recorrido mejor que los empleados.
COMER EN COSTCO
Pero la verdadera joya está después de las cajas. Ahí donde por poco más de cien pesos todavía se puede comer sin sentir que uno acaba de hipotecar el automóvil. El legendario hot dog con refresco, la rebanada de pizza, la ensalada con pollo o el famoso calzone napolitano se han convertido en los últimos bastiones de la comida rendidora.
Mientras en cualquier restaurante una salida rápida amenaza con vaciar la cuenta bancaria, en Costco todavía hay quienes salen convencidos de que hicieron un negocio redondo.
LO MÁS QUE PUEDE
Y es que la situación se nota. No hace falta ser analista financiero ni estudiar en Harvard para darse cuenta. La gente está estirando lo más que puede su dinero. Antes se iba a comprar por gusto; ahora se compra por necesidad. Antes se llenaba el carrito; ahora se llena la calculadora.
Y NO SABEMOS
La tienda de la esquina ya se volvió una experiencia de alto riesgo para el bolsillo. Uno entra por un refresco y unas papitas, un cereal, leche y sale debiendo casi 200 pesos sin saber exactamente qué compró. Las bolsas salen cada vez más ligeras y los tickets cada vez más pesados.
DEMOS GRACIAS A…
Por eso más vale agradecer que el salario mínimo ha seguido aumentando. Porque si no fuera por esos incrementos, quién sabe a qué santo estaríamos rezándole para completar la despensa. Tal vez a San Rendidor de las Quincenas Perdidas o a Nuestra Señora de la Multiplicación de los Pesitos.
NO HAY TAL BONANZA
Mientras tanto, el termómetro económico vallartense sigue funcionando. Si usted ve el estacionamiento de Costco lleno, no se emocione pensando que la bonanza regresó. Puede que simplemente medio Puerto Vallarta haya ido a buscar aire acondicionado, una degustación gratis y una pizza que todavía no cuesta lo mismo que una cena de lujo.
Y eso, mis apreciados lectores, dice más de la economía que muchos discursos oficiales.
