En Puerto Vallarta ya casi hay más aplicaciones para pedir transporte que puestos de tacos: Uber, DiDi, InDrive… y ahora viene la nueva criatura del Gobierno de Jalisco: “Mi Taxi Jalisco”, la aplicación con la que los taxis tradicionales pretenden entrarle a la competencia sin pedir aventón.
La noticia cayó como piedra en parabrisas recién cambiado. Hay quienes ya la ven como la salvación del taxi amarillo; otros dicen que será un fracaso anunciado. Pero, como diría mi abuela Petra Navarro: “No es lo mismo estrenar sombrero que tener cabeza para usarlo.”
NUNCA LO FUE
Porque, seamos sinceros, el problema nunca fue que el taxi no tuviera aplicación.
El problema empieza cuando el usuario levanta la mano y el taxi sigue derecho porque el viaje “está muy cortito” o “no eres extranjero “.
Cuando uno pregunta cuánto cuesta el viaje y la respuesta depende más del humor del conductor que de una tarifa clara.
Cuando el turista llega al aeropuerto y siente que está negociando un tratado internacional en lugar de pedir un transporte.
Cuando algunos taxis parecen museo rodante y otros parecen haber sobrevivido a tres huracanes y dos administraciones municipales. Ahí no hay aplicación que alcance.
NO SON HERMANITAS
Ahora bien, tampoco hay que hacerse los inocentes. Las plataformas digitales tampoco son hermanitas de la caridad. Cobran comisiones importantes a los conductores, cambian tarifas según la demanda y, cuando llueve tantito o hay un concierto, el viaje termina costando más que una cena con mariachi incluido.
NO ES MALA…
Cuando hay competencia, el beneficiado debería ser el usuario… siempre y cuando todos entiendan que competir no significa pelear, sino mejorar.
Imagínese usted el escenario ideal para Puerto Vallarta:
Abre la aplicación del taxi. El vehículo llega en cinco minutos.
El conductor saluda.
El aire acondicionado funciona.
El automóvil está limpio.
La tarifa aparece desde el principio.
Puede pagar con tarjeta.
Y, además, el viaje está monitoreado por el C5.
-Preguntó: ¿Quién no escogería ese servicio?
NO BASTA
Pero si lo único nuevo será el logotipo de la aplicación y todo lo demás sigue igual… entonces la gente seguirá haciendo exactamente lo que hace hoy: abrir Uber, DiDi o cualquier otra plataforma.
La tecnología no hace milagros, los milagros los hacen el buen servicio.
Y aquí viene la parte incómoda para todos, no basta con exigir que las plataformas respeten a los taxistas; también los taxistas deben volver a conquistar el respeto del cliente. Porque el pasajero no se sube a un vehículo por nostalgia. Se sube donde lo atienden mejor.
¿DE QUÉ VIVIMOS?
Puerto Vallarta vive del turismo. Millones de personas llegan cada año y el primer contacto que muchos tienen con la ciudad es, precisamente, el transporte. Ese primer viaje puede convertirse en la mejor bienvenida… o en la primera mala experiencia.
Y ahí está la verdadera carrera, no es una carrera entre taxis y Uber, es una carrera por recuperar la confianza.
SIEMPRE ELEGIREMOS
Porque al final, querido lector, el celular podrá cambiar de aplicación cuantas veces quiera… pero el usuario siempre elegirá la que le dé seguridad, respeto y un precio justo.
Y esa, aunque algunos no quieran aceptarlo, sigue siendo la mejor ruta hacia el éxito.
