Milwaukee está a solamente 27 outs de conquistar la primera Serie Mundial de su historia, mientras Tampa Bay se encuentra al borde de una eliminación que puede convertirse en una humillación deportiva. Los Brewers aplastaron 10-1 a los Rays en su propia casa, tomaron ventaja de 3-0 y dejaron a su adversario frente a una sentencia que nadie ha conseguido revertir en el Clásico de Otoño. Pero esta historia no se explica solamente por el derrumbe de Tampa Bay: también por la extraordinaria eficacia colectiva de Milwaukee, la conducción inteligente de Pat Murphy y el contraste cada vez más severo con Kevin Cash, incapaz hasta ahora de administrar adecuadamente una plantilla que tenía recursos suficientes para ofrecer mucha mayor resistencia.
Los Brewers habían ganado 3-2 y 5-4 los primeros encuentros, resolviendo con mayor eficacia los momentos decisivos. Pero el tercero fue otra historia. Milwaukee tomó ventaja de dos carreras en la tercera entrada y en la quinta desató una ofensiva devastadora de ocho anotaciones, todas después de dos outs, que convirtió el partido en una paliza.
Freddy Peralta no consiguió salir del episodio y el relevista Cam Booser, llamado por Cash para contener el ataque, terminó completamente rebasado. Brice Turang, Garrett Mitchell, Cooper Pratt y Sal Frelick encabezaron una sucesión de batazos productores que exhibió la disciplina ofensiva de Milwaukee y su extraordinaria capacidad para prolongar una entrada que parecía próxima a concluir.
Robert Gasser completó la exhibición. El zurdo de los Brewers lanzó seis entradas sin permitir carrera y toleró apenas un imparable. Los Rays, obligados a reaccionar ante su público, fueron neutralizados durante prácticamente todo el encuentro y solamente consiguieron evitar la blanqueada en la novena entrada.
Sería injusto explicar semejante resultado únicamente por las deficiencias del adversario. Milwaukee merece un reconocimiento amplio. Su ofensiva ha mostrado paciencia, contacto oportuno y agresividad inteligente; sus lanzadores han respondido en situaciones de máxima exigencia y sus peloteros mantienen la concentración sin importar el marcador. No dependen de una sola figura ni necesitan esperar un cuadrangular salvador: construyen las victorias mediante una labor colectiva que Pat Murphy ha sabido organizar y potenciar.
El dirigente de los Brewers ha administrado con inteligencia a sus lanzadores, ha utilizado oportunamente las alternativas de su banca y ha conseguido que el equipo conserve una identidad competitiva. Su principal mérito no consiste solamente en haber ganado tres encuentros, sino en lograr que sus jugadores respondan de distintas maneras: remontando cuando van abajo, protegiendo ventajas estrechas y castigando sin contemplaciones cuando encuentran a un adversario vulnerable.
El contraste con Kevin Cash es inevitable y particularmente severo. No dirige una plantilla improvisada ni es un novato sorprendido por las exigencias de octubre. Tiene experiencia suficiente para anticipar situaciones, seleccionar los enfrentamientos más convenientes y administrar sus recursos bajo presión. Sin embargo, Tampa Bay ha desperdiciado oportunidades en los primeros encuentros y en el tercero sufrió un colapso del pitcheo que su conducción no consiguió contener. Los errores pertenecen a quienes los cometen, pero la responsabilidad de preparar alternativas y utilizarlas adecuadamente corresponde al mánager.
Hay además una dimensión anímica que Cash tampoco ha logrado resolver. Después de dos derrotas apretadas, los Rays necesitaban recuperar seguridad y convicción ante su público. En cambio, ofrecieron una actuación desarticulada, sin continuidad ofensiva ni respuestas cuando Milwaukee comenzó a ampliar la ventaja. No sabemos qué ocurre dentro del vestidor, pero sobre el terreno resulta evidente que la conducción no ha conseguido frenar el desaliento ni devolverle al conjunto su capacidad competitiva.
Una de sus decisiones más discutibles fue dejar fuera de la alineación inicial a Jonathan Aranda, el tijuanense que llegaba bateando de 7-4 en los dos primeros encuentros. Cash prefirió al derecho Ryan Vilade para enfrentar al zurdo Gasser, privilegiando el enfrentamiento estadístico. No hay elementos para afirmar que se trató de un castigo por las equivocaciones defensivas de Aranda, pero prescindir de uno de los bateadores que mejor estaban respondiendo cuando el equipo necesitaba producir carreras constituye una determinación difícil de defender sin examinar sus resultados y alternativas.
Nadie puede asegurar que Aranda habría cambiado el marcador. Pero su caso demuestra que un buen dirigente debe interpretar el momento de sus jugadores, no solamente aplicar fórmulas. El mexicano había contribuido ofensivamente y merecía una valoración que incorporara su rendimiento reciente, además de las estadísticas generales contra lanzadores zurdos.
Milwaukee también tiene presencia mexicana relevante. Joey Ortiz aporta versatilidad y seguridad al cuadro interior, mientras JoJo Romero ofrece una alternativa valiosa como relevista zurdo. Ambos forman parte de la profundidad de una plantilla que ha conseguido distribuir responsabilidades y aprovechar las cualidades de sus integrantes. Romero, además, había contribuido a sostener la victoria del segundo encuentro mediante un relevo sin permitir anotaciones. Para el béisbol mexicano resulta especialmente interesante que Aranda, Ortiz y Romero participen en una Serie Mundial que está a punto de definirse.
El 3-0 representa una sentencia histórica formidable: ningún equipo ha remontado semejante desventaja para conquistar una Serie Mundial. La hazaña de Boston frente a los Yankees en la Serie de Campeonato de 2004 demuestra que ganar cuatro encuentros consecutivos después de perder los primeros tres es posible, pero nadie lo ha conseguido todavía en el Clásico de Otoño.
Hoy martes 27 de octubre se disputa el cuarto encuentro, quizá el último de esta Serie Mundial. Milwaukee tiene la oportunidad de completar la barrida y levantar el trofeo en territorio de Tampa Bay. Si los Rays consiguen sobrevivir, el quinto partido se celebrará mañana miércoles. Los Brewers necesitan una victoria y sus adversarios cuatro consecutivas, una diferencia que refleja tanto la eficacia de los primeros como las oportunidades desperdiciadas por los segundos.
Pat Murphy ha llevado a Milwaukee hasta el umbral de la gloria mediante disciplina, inteligencia táctica y confianza colectiva. Kevin Cash, en cambio, enfrenta el juicio inevitable sobre la administración de una plantilla competitiva y su incapacidad para impedir que el desaliento terminara por reflejarse en el terreno. El béisbol no proclama campeones anticipados y todavía faltan 27 outs, pero la historia pesa y la realidad del diamante todavía más: si hoy termina la Serie Mundial, los Brewers habrán conquistado merecidamente la corona y Tampa Bay habrá dejado escapar, con una conducción muy cuestionable, la oportunidad de ofrecer una batalla que prometía ser mucho más digna.
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