En Puerto Vallarta ya no sabemos si prepararnos para Halloween o sacar el rosario, porque el terror no siempre viene disfrazado de fantasma, con los colmillos chuecos y una sábana encima. A veces llega sobre dos ruedas, con el acelerador hasta el fondo y el escape haciendo más escándalo que mitin político.
La llamada Rodada del Terror pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿hasta dónde llega el derecho a divertirse y dónde comienza el derecho de los demás a vivir tranquilos?
ECHAR RELAJO, O…
Porque una cosa es organizar una rodada para echar relajo y lucir las motocicletas, y otra muy distinta es convertir las calles en una sucursal del infierno, donde el ruido, los acelerones y las imprudencias les ponen los pelos de punta a los vecinos.
Y que conste: no todos los motociclistas son iguales. Hay quienes respetan las reglas, conducen con responsabilidad y disfrutan de su pasión sin fastidiarle la existencia al prójimo. Pero, como en toda buena historia de terror, nunca falta el que se siente protagonista y cree que el ruido de su máquina es música celestial para todos los oídos.
¿HABRÁ VIGILANCIA?
¿Y las autoridades? ¡Ah, caray! Aquí es donde la víbora saca la lengua y pregunta si habrá vigilancia, organización y medidas preventivas, o si tendremos que esperar a que ocurra una desgracia para escuchar el consabido: “Estamos investigando”.
Porque para tomarse fotografías después del accidente siempre hay tiempo; para prevenirlo, en cambio, parece que a veces hay que sacar cita.
SI PERO NO…
Puerto Vallarta es una ciudad turística, sí, pero también es el hogar de miles de familias que merecen descansar, caminar seguras y disfrutar de sus calles sin sobresaltos. La diversión no está peleada con el orden, ni la libertad necesita venir acompañada de escándalo.
Así que, si la Rodada del Terror pretende recorrer nuestras calles, que el único susto sea el disfraz, no el riesgo de un accidente. Que haya organización, respeto y autoridad presente, no de adorno.
QUE NO DESPIERTEN…
Porque, a fin de cuentas, el verdadero terror no es una motocicleta rugiendo en Halloween, sino una sociedad que termina acostumbrándose al desorden y unas autoridades que solo despiertan cuando ya pasó la desgracia.
¡Y cuidado, mis queridos lectores! Que en esta película de terror, las mejores historias no son las que tienen más ruido, sino las que dejan una lección.
¡Hasta la próxima, porque aquí las víboras no le tememos a los disfraces… pero sí a la impunidad!
