Hay cosas con las que uno puede bromear: con el político que promete y no cumple, con el funcionario que inaugura hasta los baches o con el regidor que cree que gobernar es tomarse la foto.
Pero con un huracán categoría 5… mejor no.
Polo alcanzó este martes la máxima categoría de la escala Saffir-Simpson, con vientos sostenidos de alrededor de 270 kilómetros por hora, y se mantiene frente a las costas del Pacífico mexicano, desplazándose lentamente y, por ahora, con su centro mar adentro.
SI, PERO NO…
Y aquí, en Puerto Vallarta, Bahía de Banderas y toda esta bendita franja de costa, uno escucha que “no tocará tierra” y siente cierto alivio.
Pero nomás “cierto”.
Porque ya aprendimos que un huracán no necesita entrar por la puerta para meterse hasta la cocina.
El huracán que nos quitó la inocencia. Pregúntenle a quienes vivieron Kenna.
El 25 de octubre de 2002, aquel huracán alcanzó categoría 5 sobre el mar y tocó tierra cerca de San Blas como categoría 4.
Puerto Vallarta no recibió el ojo del huracán encima y, sin embargo, sufrió daños importantes: marejada, inundaciones y afectaciones en hoteles y en la zona del Malecón.
La lección quedó clara: que el ojo pase lejos no significa que los problemas también pasen lejos.
Y por eso hoy, cuando aparece “Polo” en el mapa pintado de colores que parecen anuncio del apocalipsis, la gente vuelve a mirar al cielo… y también al mar.
PATRICIA TAMBIÉN NOS AVISÓ
En 2015 llegó Patricia, uno de los huracanes más intensos jamás registrados.
Alcanzó vientos sostenidos de 325 kilómetros por hora y pasó peligrosamente cerca de Cabo Corrientes antes de tocar tierra en Jalisco, aunque para entonces ya se había debilitado considerablemente.
Otra vez quedó la enseñanza: la naturaleza puede cambiar de humor mucho más rápido que nosotros de opinión.
Y aquí seguimos.
NORA, LIDIA Y LA MEMORIA CORTA
Luego vinieron Nora, en 2021, y Lidia, en 2023.
Y ambas dejaron claro que el peligro no siempre está en el viento.
Está en los ríos desbordados.
En los arroyos.
En los deslaves.
En las inundaciones.
En los árboles que caen.
En las calles que se convierten en corrientes de agua.
Por eso no basta con mirar hacia el océano.
También hay que mirar hacia las montañas y recordar que todo lo que baja termina buscando salida.
NO PODEMOS…
La buena noticia es que, hasta ahora, los pronósticos mantienen a Polo sobre el mar y alejándose gradualmente.
La mala sería creer que eso significa que podemos olvidarnos del asunto.
Un sistema de esta magnitud puede provocar oleaje peligroso, lluvias intensas, fuertes rachas de viento y corrientes de retorno, aun sin que su ojo toque tierra.
Así que no hace falta entrar en pánico.
Pero tampoco jugarle al valiente.
Y mucho menos creerle al primo que “sabe de huracanes” porque tiene una aplicación en el teléfono.
Para eso están Protección Civil, el Servicio Meteorológico Nacional y los avisos oficiales.
LA VÍBORA CIERRA
Polo puede pasar de largo. Ojalá.
Que siga su camino mar adentro y que mañana solamente quede como otra historia del Pacífico.
Pero mientras esté ahí, conviene recordar algo que en Vallarta deberíamos tener tatuado: el mar nos da vida, turismo, trabajo y belleza… pero no es nuestro empleado.
“Kenna” ya nos enseñó.
“Patricia” volvió a advertirnos.
“Nora” y “Lidia” nos recordaron que el agua también puede golpear desde tierra.
Y ahora Polo nos vuelve a tocar la puerta.
Así que más vale escuchar.
Y para un huracán categoría 5… más vale respeto que arrepentimiento.
