Durante varias semanas México volvió a hacer lo que mejor sabe hacer cuando rueda un balón: olvidarse por un rato de los problemas. Las calles se vaciaron, los restaurantes y los “fan fest” se llenaron, las pantallas se convirtieron en altares y millones de mexicanos volvimos a creer que ahora sí… que esta era la buena.
NOS REGALÓ EMOCIONES
Y sí, la Selección Nacional nos regaló emociones, nos hizo brincar del sillón, abrazar desconocidos y hasta presumir la camiseta verde con un orgullo que pocas cosas despiertan. Pero, terminado el silbatazo final, llegó la pregunta incómoda: ¿por qué seguimos sin levantar una Copa del Mundo?
No será porque nos falte pasión. De eso nos sobra. La afición mexicana es de las más fieles del planeta. Ha cruzado océanos, ha llenado estadios, ha cantado bajo el sol, la lluvia y hasta después de una derrota. México ya organizó los Mundiales de 1970, 1986 y ahora el de 2026. Tres veces hemos sido anfitriones de la fiesta… pero nunca los dueños del trofeo.
LOS QUE YA
Mientras tanto, Argentina ya volvió a pasear la Copa del Mundo entre su gente. Ellos celebran campeonatos; nosotros seguimos celebrando el “ya merito”.
Y aquí es donde el balón deja de rodar para entrar al salón de clases.
POR UNA HORA
Porque el problema no nace cuando un delantero falla frente a la portería. Nace mucho antes, cuando el deporte ocupa apenas una hora a la semana en las escuelas, cuando la educación física parece materia de relleno y cuando nuestros maestros, por más voluntad que tengan, tampoco cuentan con las herramientas suficientes para desarrollar el talento deportivo de millones de niños.
TODAS LAS DISCIPLINAS
No es un asunto exclusivo del fútbol. Ahí están la natación, la gimnasia, el voleibol, el atletismo y decenas de disciplinas donde el talento mexicano aparece… casi siempre gracias al sacrificio de las familias y no porque exista una verdadera política deportiva.
YA MIRAMOS AL NORTE
Basta mirar hacia el vecino del norte. En Estados Unidos, el deporte es una inversión. Las becas deportivas cambian vidas, las universidades forman atletas de alto rendimiento y el talento recibe respaldo desde edades tempranas. No es casualidad que produzcan campeones una y otra vez.
Aquí, en cambio, pareciera que los gobiernos descubren a los deportistas cuando ya regresan con una medalla colgada al cuello. Entonces sí aparecen las fotografías, los discursos, los reconocimientos y las promesas. Es el viejo deporte nacional: colgarse la medallita… aunque nunca hayan pagado el uniforme.
EN JALISCO SI, PERO…
Por fortuna, Jalisco rompe muchas veces esa regla. No por casualidad este estado se ha convertido en la principal fábrica de deportistas del país. Cuando existe trabajo, infraestructura y continuidad, los resultados llegan. Así de sencillo.
Tal vez por eso llegó el momento de hacer un verdadero mea culpa. No para culpar únicamente a la Federación, al entrenador o al árbitro. También para preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad para que nuestros niños practiquen deporte, tengan espacios dignos y encuentren en una cancha, una alberca o una pista una oportunidad de crecer.
NUNCA PASA DE MODA
Porque el viejo refrán sigue teniendo más vigencia que nunca: mente sana en cuerpo sano. Y eso no lo inventó mi abuela, aunque bien pudo haberlo dicho mientras nos mandaba a jugar a la calle en lugar de quedarnos pegados a la televisión.
No sé si me alcanzará la vida para ver a México levantar una Copa del Mundo. Ojalá sí. Pero antes de pensar en ser campeones del planeta, habría que dejar de conformarnos con los discursos, con el “jugamos como nunca y perdimos como siempre” y con esa costumbre tan mexicana de celebrar el esfuerzo mientras otros celebran los títulos.
TODOS JUGAMOS
Porque el verdadero quinto partido… hace mucho que dejó de jugarse en la cancha. Ese lo seguimos perdiendo, desde hace décadas, en nuestras escuelas, en nuestros presupuestos y en nuestra falta de visión y ahí, aunque nos duela reconocerlo… todos jugamos.
