En Estados Unidos hay jóvenes capaces de discutir en inglés sobre el futuro del mundo, dominar las redes sociales y pedir una hamburguesa sin tartamudear, pero que, cuando la abuela les pregunta si ya comieron, responden con un desconcertante: ¿What?.
Son los famosos “no sabo kids”, hijos y nietos de familias latinas que crecieron en territorio estadounidense y que no dominan el español. El apodo nació de ese glorioso error gramatical de decir «no sabo» en lugar de «no sé».
VAN A VOTAR
¡Ave María Purísima! Para algunos latinos, semejante pecado lingüístico amerita penitencia, clases intensivas y hasta tres regaños de la abuela. Pero detrás de la burla hay una realidad: no hablar español no significa renunciar a las raíces, y mucho menos dejar de ser latino.
La identidad no se mide con un diccionario bajo el brazo. Se construye entre la familia, la cultura, las experiencias y las circunstancias de cada generación.
ELECCIONES
Pero aquí viene lo bueno, porque esos muchachos que todavía tropiezan con el verbo saber también están llegando a la edad de votar. Y su participación puede tener un peso importante en las elecciones intermedias de Estados Unidos, este 3 de noviembre.
La contienda renovará la Cámara de Representantes, parte del Senado y numerosos cargos estatales y locales. En ese escenario, los jóvenes y el electorado latino son sectores que los partidos no pueden darse el lujo de ignorar.
Las encuestas pueden mostrar preferencias favorables a los demócratas entre determinados grupos juveniles, pero una cosa es expresar simpatía y otra acudir a las urnas. Además, los latinos no son un bloque electoral uniforme: hay quienes respaldan a los demócratas, quienes prefieren a los republicanos y quienes siguen buscando una opción que responda a sus preocupaciones.
MUCHOS SE BURLAN
El costo de la vida, el empleo, la vivienda, la educación y la migración pesan mucho más que una conjugación mal hecha.
Y aquí está la reflexión: mientras algunos se burlan de estos muchachos porque no saben decir «no sé», quizá no advierten que esos mismos jóvenes pueden contribuir a decidir quién tendrá el poder político en Washington.
La abuela podrá enseñarles español; la familia podrá transmitirles sus tradiciones. Pero el voto es suyo, y la decisión también.
LA LENGUA DE CERVANTES
Porque la democracia no exige hablar como Cervantes, bailar salsa ni conocer de memoria la receta de los frijoles de la abuela. Exige informarse, participar y asumir las consecuencias de elegir. ¡Sssserpientes! Mucho cuidado con subestimar al que dice «no sabo». Quizá le falte español, pero el próximo 3 de noviembre podría tener muy claro algo que algunos políticos todavía no entienden: para ganar una elección no basta con hablar bonito; hay que convencer a quienes tienen la boleta en la ma
