En materia de seguridad, las cifras pueden ofrecer un respiro, pero no necesariamente devolver la tranquilidad.
Puerto Vallarta tiene motivos para revisar con atención los datos del INEGI. En septiembre de 2026, el 53.6 por ciento de la población adulta encuestada consideraba inseguro vivir en la ciudad. Tres meses antes, el indicador era de 65.4 por ciento. La percepción mejoró, sí, pero todavía más de la mitad de los encuestados expresaba preocupación por su seguridad.
DATOS DEL OPTIMISMO
Y hay otro dato que obliga a mirar más allá del optimismo inmediato: en septiembre de 2025, ese porcentaje era de 24.7 por ciento.
La pregunta no es si hubo una mejoría trimestral. La hubo. La cuestión es qué falta para que esa mejoría se traduzca en una confianza más sólida y duradera.
En Jalisco, como en el resto del país, evaluar la seguridad exige mirar más de un indicador. La percepción ciudadana revela cómo se siente la población; las estadísticas delictivas permiten observar los hechos denunciados y registrados. Ninguna fuente cuenta por sí sola toda la historia, pero ignorar cualquiera de ellas sería una forma de cerrar los ojos ante el problema.
SIN DISCURSOS
Gobernar también significa explicar los resultados, reconocer los pendientes y ofrecer información que permita a la sociedad evaluar los avances sin depender de discursos triunfalistas ni de alarmas sin sustento.
Porque la seguridad no es solamente una cifra en un informe. Es la posibilidad de que una familia vuelva a casa sin temor, de que un comerciante cierre su negocio con tranquilidad y de que una persona pueda transitar por su colonia sin sentir que debe estar siempre alerta.
NO SE RECUPERA
Vallarta, como ciudad, necesita que cualquier avance en las estadísticas se sostenga en el tiempo y se refleje en la vida cotidiana. La confianza pública no se recupera de un día para otro; se construye con prevención, investigación, coordinación institucional y resultados verificables.
Bienvenida, entonces, la reducción de la percepción de inseguridad respecto de junio. Pero el dato no admite triunfalismos: frente al resultado de septiembre del año pasado, el desafío sigue siendo considerable.
NO ES UNA PROMESA
Porque la seguridad no se demuestra con una cifra favorable, sino con la capacidad de convertir los avances en tranquilidad duradera para la población.
Y esa, más que una promesa de gobierno, es una responsabilidad que debe rendir cuentas todos los días.
