¡Ufff, qué susto! En el puerto ya le andaban midiendo el cuello político al alcalde Luis Ernesto Munguía, cuando desde el Congreso de Jalisco llegó la noticia: la suspensión del cargo no procedió. La guillotina legislativa, por lo pronto, se quedó guardada.
El asunto viene de una resolución del Tribunal de Justicia Administrativa que ordenó iniciar un procedimiento para suspenderlo sin goce de sueldo, relacionado con adeudos laborales. Pero la Comisión de Gobernación del Congreso declaró improcedentes la mayoría de estos procedimientos, incluido el de Munguía, al considerar que no había elementos suficientes para avanzar.
UNA COSA ES UNA COSA…
¡Y cuidado! Que el arquitecto no se vaya a confundir: librar la suspensión no significa que hayan desaparecido las deudas. Una cosa es salvar la silla y otra muy distinta pagar la cuenta.
Porque estos pleitos no son nuevos en Vallarta. En administraciones anteriores, encabezadas por Arturo Dávalos, Luis Michel y Ramón Guerrero, también hubo asuntos laborales que pusieron sobre la mesa la posibilidad de sanciones. Cambian los alcaldes, se renuevan los discursos y hasta se pintan de otros colores las oficinas, pero los expedientes tienen la mala costumbre de quedarse.
POR PATEAR EL BOTE
Y aquí viene lo verdaderamente picante: ¿cómo es posible que los municipios sigan heredándose laudos laborales como si fueran terrenos familiares? El gobierno saliente se va, el entrante llega y, ¡sorpresa!, debajo del escritorio aparecen las cuentas pendientes. Eso sí, la factura no la pagan los discursos ni las fotografías oficiales: sale del dinero público.
TIENEN DERECHO
También hay que poner las cosas en su justa dimensión. Los ex trabajadores tienen derecho a reclamar lo que legalmente les corresponda; el problema es que los litigios, las liquidaciones y las obligaciones no previstas terminan convirtiéndose en una pesada carga para las administraciones y, en última instancia, para los ciudadanos.
URGENTE QUE…
Por eso, más allá del jaloneo político alrededor del arquitecto Munguía, urge revisar las reglas, presupuestar las obligaciones laborales y evitar que cada cambio de gobierno se convierta en una tómbola de deudas.
Por ahora, Munguía conserva la silla; la deuda, si sigue pendiente, conserva su asiento en primera fila.
LA VÍBORA PREGUNTONA
Y en esta función de la política vallartense, las víboras nomás preguntamos: ¿cuándo dejarán de heredar problemas los gobiernos y empezarán a heredar cuentas claras?
Porque una cosa es librar la guillotina y otra, muy distinta, salir limpio de la caja registradora.
