Dicen que, en Puerto Vallarta, la vista y disfrute de los atardeceres es nuestro oro.
Que la bahía es ese escaparate natural que millones de personas vienen a mirar, fotografiar y recordar.
Pues resulta que ahora alguien descubrió que ese oro también puede rentarse.
Que el horizonte puede convertirse en pantalla.
Y que, aparentemente, lo que nos faltaba era meterle publicidad luminosa al mar.
¿HASTA CUÁNDO?
Porque ahí tenemos ya una embarcación navegando frente al Malecón con una enorme pantalla LED, provocando el inevitable cuestionamiento ciudadano: ¿hasta dónde vamos a permitir que se comercialice aquello que es de todos?
Y aquí viene el argumento que, aunque jurídicamente puede tener sustento, políticamente deja muchas preguntas: que el Ayuntamiento no tiene injerencia porque estamos hablando del mar y la competencia corresponde al ámbito federal. Correcto.
Pero entonces yo pregunto: ¿qué caso tendría hacer algo cuando ya esté todo instalado?
PLAYAS, TEMA SENSIBLE
Porque últimamente el tema de las playas anda demasiado sensible, tanto en Puerto Vallarta como en nuestro municipio hermano de Bahía de Banderas.
Ahí está Playa Las Cocinas, en Punta de Mita, donde Semarnat terminó revocando una concesión después de detectar obras e instalaciones no autorizadas y planteó acciones para garantizar nuevamente el libre tránsito, aunque se sigue esperando el retiro de las aparatosas rocas que ahí quedaron.
Y también hemos visto situaciones en las que, ante el cuestionamiento sobre el acceso a las playas, prácticamente hubo que montar una carne asada para demostrarle a todo mundo que sí, que las playas son libres.
NO ES POSIBLE
¡Qué necesidad! Cuando debería ser exactamente al revés.
No tendríamos que estar demostrando que una playa es pública.
Tendrían que demostrarnos por qué alguien pretende limitarla.
Y ahora aparece esto.
Una pantalla luminosa en medio de la bahía, frente al malecón.
De verdad, ¿alguien cree que Puerto Vallarta necesita de esas “estrategias publicitarias” atravesándose entre nosotros y uno de sus atardeceres?
¿De verdad necesitamos que el visitante venga a mirar una pantalla cuando precisamente viene a mirar el mar?
No estamos peleados con la modernidad. ¡Faltaba más!
Pero una cosa es modernizarse y otra muy distinta es pensar que todo espacio disponible es un espectacular esperando anunciante.
EL ALCALDE
Y aquí vale recordar algo: hace años, durante la administración de Javier Bravo Carbajal, se retiró un anuncio luminoso que afectaba la imagen urbana en la zona de Prisciliano Sánchez y Medina Ascencio, frente a Sams Club.
¿Por qué?
Porque Puerto Vallarta entendió desde hace mucho que su imagen también tiene valor.
Hoy el propio Ayuntamiento sostiene que no otorgó autorización para esta publicidad flotante y que busca que las autoridades federales revisen el caso.
Entonces quizá el asunto no sea solamente quién tiene la facultad, sino también habría que preguntar: ¿quién tiene la responsabilidad de cuidar la imagen de Puerto Vallarta?
CRUZANDO DE BRAZOS
Porque una cosa es que el municipio no pueda expedir un permiso en el mar y otra muy diferente es quedarse cruzado de brazos mientras algo aparece frente a uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad.
Y todavía hay otra pregunta.
¿Quién decidió que eso era buena idea?
Porque cuando las cosas llegan de sorpresa, cuando aparecen sin que la ciudadanía sepa quién las autorizó, bajo qué condiciones y con qué impacto, la sospecha llega antes que la explicación.
Y eso, en una ciudad que vive precisamente de su paisaje, no es poca cosa.
DEMASIADAS TROPELIAS
Ya hemos visto lo que ocurre cuando durante años se autorizan edificios sin respetar la esencia de la ciudad.
Hoy tenemos decenas de construcciones que cambiaron para siempre algunas zonas de Puerto Vallarta.
Y luego nos preguntamos por qué perdimos aquello que nos hacía diferentes.
No vaya a ser que mañana tengamos cinco pantallas donde hoy hay una. Después diez.
Y luego alguien nos diga que también eso es progreso.
Hasta que un día el turista llegue al Malecón buscando el atardecer y termine preguntando:
“¿A qué hora empieza el anuncio?”
Porque una cosa sí debería quedar clara: el mar no es de nadie.
Y precisamente por eso, es de todos.
Y si algo tenemos que defender en Puerto Vallarta, además de sus playas, es ese derecho tan sencillo de levantar la mirada y todavía poder ver el horizonte.
Sin anuncios.
Sin pantallas.
Sin que alguien haya decidido ponerle precio al paisaje.
Y con la bahía tampoco debería hacer falta tanta explicación.
