¡Ah, la bendita continuidad Esa palabra que en política suena a estabilidad, a proyectos que no deben quedarse a medias y a programas que necesitan tiempo para dar resultados!
Y mire usted qué casualidad tan curiosa: cuando ya se empieza a respirar el aire de las elecciones de 2027, la palabra comienza a tomar un protagonismo especial.
El presidente municipal de Puerto Vallarta, Luis Ernesto Munguía González, fue cuestionado sobre una eventual reelección y respondió poniendo sobre la mesa un argumento que, en principio, tiene lógica: hay programas de su administración que requieren continuidad. Y hasta ahí, todo bien.
EMPEZAR DE CERO
Porque nadie puede negar que un gobierno no debería empezar de cero cada tres años. Si una política pública funciona, habrá que mantenerla; si una obra es necesaria, habrá que terminarla; y si un programa está dando resultados, sería absurdo borrarlo nomás porque cambió el calendario electoral.
LAS PUSO EN MARCHA
Pero aquí viene la pequeña picadura de estas Víboras: Una cosa es la continuidad de los programas y otra, muy distinta, la continuidad de quien los puso en marcha.
Porque si algo está bien hecho, debería poder sobrevivir a su creador.
De lo contrario, corremos el riesgo de que los programas públicos terminen pareciéndose a esas plantas que sólo florecen cuando está presente quien las riega. Y no, señores.
LOS CIUDADANOS NO
Los gobiernos pasan.
Los ciudadanos permanecen.
Y las necesidades de Puerto Vallarta, ésas no conocen de trienios.
Por eso, más que discutir desde ahora quién quiere quedarse, quizá convendría preguntarnos qué merece quedarse.
– ¿Las obras?
– ¿Los programas?
– ¿Las políticas que funcionan?
– ¿Los resultados?
Y después, naturalmente, que sea el ciudadano quien decida quién merece continuar al frente.
NO TENDRÍA QUE SERLO
Porque la reelección, si llega, no debería ser premio por haber iniciado algo.
Debería ser consecuencia de haberlo hecho bien.
Así que bienvenida sea la continuidad…
pero primero la de los buenos resultados, y después vemos la de los políticos.
Porque en Puerto Vallarta ya sabemos que hay cosas que sí necesitan continuidad. La chamba, por ejemplo.
Y ésa, queridos lectores, no se puede reelegir con discurso.
¡Se tiene que demostrar!
