Hace apenas una semana tuve la oportunidad de acompañar a las familias de Las Palmas en las tradicionales Prepaseadas. Este domingo regresé para vivir las Paseadas 2026, y confirmé algo que siempre he creído: nuestras tradiciones no solo se celebran, también se defienden y se viven.
Ver a niñas, niños, jóvenes, adultos y personas mayores reunidos alrededor de una misma fiesta nos recuerda que la identidad de un pueblo no se construye desde un escritorio, sino caminando junto a su gente.
Eso es algo que en la Cuarta Transformación hemos aprendido de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum: gobernar y hacer política significa estar cerca del pueblo, escuchar, acompañar y valorar lo que da identidad a nuestras comunidades. No hay mejor manera de entender a la gente que estando con ella, compartiendo sus alegrías, sus costumbres y sus tradiciones.
Las Paseadas de Las Palmas son mucho más que una cabalgata. Son el abrazo entre generaciones, el orgullo de nuestras raíces y el reflejo de una comunidad que mantiene viva su historia gracias al esfuerzo de quienes, año con año, hacen posible esta gran celebración.
Agradezco el cariño con el que fui recibido. Ese afecto no se gana con discursos; se construye con respeto, cercanía y presencia constante.
Porque cuando un pueblo conserva sus tradiciones, también fortalece su identidad. Y mientras haya familias dispuestas a transmitir ese orgullo a las nuevas generaciones, Puerto Vallarta seguirá teniendo un corazón que late con fuerza desde sus delegaciones y comunidades.
Las tradiciones nos unen. Y cuando caminamos junto al pueblo, también caminamos hacia un mejor futuro.
