Resulta redundante decir que la política es una basura, una auténtica popó en la que infinidad de personajes se revuelcan cada tres años tratando de conseguir el poder municipal para finalmente vivir en la nómina municipal.
Y por más que uno no quiera estar al tanto de ese lamentable desfile de vividores no hay forma de mantenerse ajeno porque de manera permanente estamos expuestos a sus ilegales precampañas.
No bien acaba de terminar la campaña cuando ya andan en precampaña buscando votos para la siguiente elección.
Resulta una mentada de madre que el alcalde Luis Munguia, después de mantener a Puerto Vallarta en el más ominoso de los abandonos, ahora inicie precampaña con la intención de reelegirse para desgobernar tres años más.
Aunque el municipio se encuentra en una de sus peores crisis financieras, debido a la precampaña Munguía acaba de anunciar que el año entrante no habrá incrementos en las licencias del municipio.
Aunque es normal y obligado que en cada nuevo presupuesto de ingresos se aplique por lo menos un aumento similar al de la inflación, el alcalde tuvo la grandísima idea de no promover ningún aumento, lo cual le ha generado carretadas de aplausos de sus propios asesores, quienes en sus redes sociales se congratulan de la idea genial que tuvo el jefe.
Vamos a ver si esa política de cero incrementos para el 2027 también se aplica en el Seapal y en el resto de impuestos y cobros que aplica el municipio.
Pero el tema de hoy es el descarado retorno de Antonio Joya Rodríguez al PRI, uno de los pillos más célebres de toda la región, porque sus tropelías también son célebres en Bahía de Banderas, no solo en Puerto Vallarta.
Tras formarse en las ligas menores del PRI, Tony Joya ya le dió la vuelta a todos los partidos políticos en Puerto Vallarta, donde, aunque parezca increíble, ha tenido la suficiente labia para embaucar a varios políticos supuestamente serios, a quienes abiertamente ha asesorado en no se sabe qué, porque si de algo es garantía Tony Joya es de mediocridad.
La historia los ha puesto a todos en su lugar, porque uno tras otro fracasaron, no sin antes haber financiado por largo tiempo a este bufón, que ahora de manera abusiva se ostenta como coordinador operativo del PRI Vallarta.
¿Cómo le hizo este payaso de la política local para ostentarse como nuevo dirigente de lo que queda del PRI? Seguramente como lo ha hecho siempre, apantallando pendejos que ni siquiera se toman la molestia de investigar sus antecedentes cuando se presenta ante ellos para venderles su nuevo proyecto.
Seguramente un día pasó frente a las oficinas del PRI y descubrió que la puerta estaba abierta, por lo que decidió entrar al viejo edificio de la 5 de Diciembre y empezar a despachar en su interior.
Pasó más o menos lo mismo hace tres años, cuando Teresita Marmolejo asumió la dirigencia de ese partido que no ve una desde que Roberto González lo traicionó en el 2018 tras ganar la última regidora plurinominal bajo las siglas tricolores.
Aunque el PRI alcanzó épocas doradas, particularmente en 1991 con Rodolfo González Macías y en el 2003 con Gustavo González Villaseñor, tras la última gran derrota en el 2012 a manos de El Mochilas, el PRI Vallarta se convirtió en sinónimo de una triste regiduría plurinominal, hasta que en el 2021 ya ni eso pudo conseguir para desaparecer políticamente por completo.
En ese escenario reaparece Antonio Joya Rodríguez, quien hasta hace poco presumía ser dirigente del Partido del Trabajo, donde de plano no pudo hacer a un lado a los viejos caciques de ese partido rémora de la 4T, especialmente a Corina Naranjo, quien ha hecho del PT un pequeño y jugoso negocio personal.
El retorno de Tony Joya al PRI Vallarta es una burla para quienes en el pasado aportaron sudor y lágrimas para lograr la grandeza de ese partido, aunque en realidad ya todos los priistas de la vieja guardia ya están en Morena o en el PV, por lo que les tiene sin cuidado lo que pase con el histórico edificio de Río Grande.
Pero permitir que estos vividores se ostenten como figuras públicas es un riesgo que no debiera correr la sociedad vallartense, porque en un descuido terminan despachando en la presidencia municipal.
