Cuando uno era chamaco, las mamás nos espantaban con el Coco.
—”¡Métete porque ahí viene el Coco!”
Y uno, obediente, salía disparado para la casa.
Hoy el Coco evolucionó. Ya no vive debajo de la cama ni se esconde en el clóset. Ahora trae camioneta, celular, halcones, grupos de WhatsApp y ofertas de “trabajo” que prometen dinero fácil. El monstruo cambió de nombre y se llama crimen organizado.
YA NO ES PELÍCULA
Y eso, estimados lectores, ya dejó de ser una película de narcos para convertirse en una pesadilla que toca la puerta de cualquier familia.
Los casos de Puerto Vallarta y Guadalajara es un bofetón para todos.
LAS HISTORIAS
Tres jóvenes desaparecieron en Vallarta cuando esperaban el camión para acudir a su graduación. Otros tres, en Guadalajara, desaparecieron después de salir precisamente de su ceremonia de graduación.
Seis muchachos. Seis historias. Seis familias destrozadas.
Y una coincidencia que pone los pelos de punta: adolescentes, prácticamente recién graduados, menores de edad o apenas alcanzando la mayoría de edad, con toda una vida por delante.
La buena noticia es que los seis regresaron a casa. Sí…Pero nadie debería conformarse con celebrar únicamente que volvieron.
PREGUNTAS INCÓMODAS
La verdadera pregunta es otra ¿Por qué se fueron? O peor todavía… ¿Por qué alguien creyó que podía llevárselos?
La Fiscalía sostiene que todo apunta al reclutamiento forzado por parte de grupos criminales. Lo más inquietante es que algunos de los propios jóvenes ni siquiera perciben que fueron víctimas. Ahí está el tamaño del problema: cuando una generación empieza a normalizar el engaño, la manipulación o las falsas promesas de dinero rápido, el crimen ya ganó una parte de la batalla.
ANTES Y…
Antes los delincuentes buscaban gente en centrales camioneras.
Ahora, según las propias autoridades, las citas ocurren en plazas comerciales, restaurantes, tiendas de conveniencia y hasta en grandes almacenes.
Como quien queda para ir por un café. Como quien va a una entrevista de trabajo. Como quien sale con un amigo. Y justamente ahí está la trampa.
LOS QUE TUVIERON “SUERTE”
Porque muchas veces el “amigo” ya pasó por ahí. Ya regresó. Ya convenció a otros. Y así funciona la cadena.
Como si el reclutamiento fuera un negocio multinivel… pero con final de cementerio.
Otro dato que debería quitarle el sueño a cualquiera es que el rango de edad bajó.
Ya no están buscando únicamente jóvenes de 17, 18 o 19 años.
Ahora van por adolescentes de 13, 14, 15, 16 y 17 años. Simplemente niños.
Jóvenes que todavía deberían estar preocupados por pasar un examen, invitar a alguien al cine o elegir qué estudiar.
No por sobrevivir a un grupo criminal.
LAS FAMILIAS
También hay que reconocer algo: las familias hicieron lo correcto al insistir en denunciar una y otra vez las desapariciones. Las propias autoridades les pidieron reiterar las denuncias porque mantener vivos los expedientes significaba mantener la presión institucional. Esa insistencia ayudó a que el caso no se enfriara y a que se desplegaran operativos que terminaron con el regreso de los seis jóvenes.
Pero sería un enorme error pensar que el problema terminó. Al contrario. Apenas nos enseñó la punta del iceberg.
Porque si estos seis regresaron… ¿Cuántos más siguen sin regresar?¿Cuántos padres siguen esperando una llamada?
-¿Cuántas madres siguen durmiendo con el teléfono en la mano?
Y aquí viene la parte incómoda.
No basta con culpar al gobierno.
No basta con exigirle resultados a la Fiscalía.
No basta con pedir más patrullas.
También hace falta que en casa volvamos a preguntar.
-¿Con quién sales?
-¿Quiénes son tus amigos?
-¿A dónde vas?
-¿Quién te ofreció ese trabajo?
-¿De dónde salió ese dinero?
-¿Por qué llegaste tan tarde?
SIN BRÚJULA
Porque eso de “es que hay que darles confianza” no significa criarlos sin brújula.
La confianza nunca ha sido sinónimo de desinterés.
Los hijos necesitan libertad, sí.
Pero también necesitan padres presentes, padres incómodos, padres preguntones.
Padres que, aunque los hagan enojar, sepan perfectamente dónde andan, con quién están y qué sueños les están vendiendo.
Porque hoy el peligro ya no anda escondido en callejones oscuros.
Anda en un mensaje de WhatsApp, en una promesa de trabajo, en un supuesto amigo, y cuando queremos reaccionar… Ya es demasiado tarde.
EL ABRAZO DE LOS PADRES
Dicen que el mejor operativo no empieza con patrullas… empieza en la mesa de la casa, con una conversación., con atención, con tiempo.
Porque los abrazos de los padres siguen siendo mucho más fuertes que cualquier abrazo del crimen… siempre y cuando lleguen antes.
