¡Hay buenas noticias! El semáforo de Francisco Villa y Viena volvió a la vida. Respiremos tranquilos.
Los automovilistas ya no tendrán que encomendarse a todos los santos para cruzar esa esquina.
El problema es que… ese nunca fue el verdadero problema. Porque en Puerto Vallarta los semáforos sí funcionan.
ME VAN A PERDONAR, PERO…
Lo que no funciona es la ciudad. Uno arranca con la luz verde, avanza cincuenta metros y encuentra el siguiente rojo. Vuelve a arrancar. Otros cien metros…Otro rojo.
Y así sucesivamente hasta llegar al destino con la sensación de haber recorrido una pista de obstáculos diseñada por alguien que jamás se ha sentado detrás de un volante.
COMO DIJO “DON TEOFILITO”
Hay ciudades donde los semáforos conversan entre ellos. Pero aquí pareciera que ni se conocen. Cada uno vive su propia vida. Cada uno cambia cuando quiere.
Cada uno trabaja por su cuenta como si ignorara que, apenas unos metros adelante, existe otro igual de importante.
MÁS Y MÁS…
El resultado lo vivimos todos los días. Filas interminables. Más tiempo al volante. Más gasolina consumida. Más contaminación. Más estrés. Más desesperación.
Y, por supuesto, más conductores que terminan acelerando, cambiándose de carril sin avisar o intentando ganarle al siguiente rojo.
LA SINCRONIZACIÓN
No porque sean malos conductores… Sino porque la ciudad termina educándolos a base de frustración.
La movilidad no consiste únicamente en que un foco cambie de rojo a verde.
Consiste en que toda una red funcione como un solo sistema.
Eso se llama sincronización. Y, aunque parezca un detalle técnico, representa la diferencia entre una ciudad que fluye y otra que simplemente sobrevive.
LOS FAMOSOS CINCO
Puerto Vallarta dejó de ser aquel destino donde cruzar de un extremo a otro tomaba unos cuantos minutos.
Hoy somos una ciudad metropolitana, con cientos de miles de habitantes, miles de trabajadores que entran y salen diariamente, millones de visitantes al año y un parque vehicular que crece mucho más rápido que las vialidades.
SERÍA SEGUIR
Seguir administrando el tránsito con la lógica de hace veinte años ya no alcanza.vNo basta con reparar el semáforo que se descompuso.
Hay que hacer que todos hablen el mismo idioma. Porque un semáforo aislado puede funcionar perfectamente… y aun así provocar un caos.
LA PREGUNTA…
Tal vez por eso la pregunta ya no debería ser cuántos semáforos sirven.
La verdadera pregunta es cuántos están realmente sincronizados.
Porque si cada luz verde termina inevitablemente en el siguiente alto, entonces el problema ya no está en los focos…
Está en la planeación. Puerto Vallarta merece una movilidad del tamaño de la ciudad en la que se ha convertido.
Y no una donde cada semáforo parezca tomar decisiones por cuenta propia.
Porque gobernar una ciudad también consiste en coordinar aquello que la hace avanzar.
CONCLUYO
Y si ni siquiera logramos que se pongan de acuerdo unos cuantos semáforos…
Será muy difícil convencer a los ciudadanos de que existe un rumbo claro para el resto de la ciudad.
