Criticar y cuestionar a Juan Carlos Castro Almaguer es exponerse a descubrir su lado más intolerante y oscuro. Aunque pretende presentarse como un empresario innovador y receptivo, en realidad estamos ante un dinosaurio del PRI golpeador y rencoroso.
Tras amasar una regular fortuna personal obteniendo concesiones a modo para recolectar la basura de algunos municipios, principalmente el de Bahía de Banderas, el nayarita Juan Carlos Castro Almaguer ha retomado su sueño de ser alcalde de Puerto Vallarta, lo cual intenta por segunda ocasión.
La primera vez fue allá por el 2005, cuando siendo director de Desarrollo Social del gobierno priista encabezado por Gustavo González Villaseñor se negó a respetar el acuerdo político del grupo gobernante para que el sucesor fuera Andrés González Palomera.
Aprovechando la tibieza de Gustavo González, el señor Castro Almaguer desplegó una intensa precampaña para disputarle a González Palomera la candidatura, y aunque no consiguió desbancarlo sí contribuyó a fracturar al grupo para que Javier Bravo pudiera derrotar a González Palomera en la elección interna del PRI.
Ya para entonces Juan Carlos Castro era conocido por su habilidad para hacer dinero bajo el amparo del poder, por eso realizó una costosa precampaña en la que sin recato mandó pintar su imagen con su hijo recién nacido en brazos, Juan Carlos Castro López, el mismo al que 20 años después utiliza para promocionar su nombre aprovechando de las similitudes.
En el 2021 Castro Almaguer utilizó a su hija Carla Elena Castro López para cobrarle a Luis Munguía el dinero y el tiempo que le invirtió a la primera campaña Verde, gracias a lo cual Carla Elena fue regidora plurinominal por tres años con un sueldo superior a los 80 mil pesos mensuales.
En el 2024 Castro Almaguer no logró que Munguía cediera a sus pretensiones por lo que optó por aliarse con la familia Michel para tratar de retener el poder postulando como candidata a la señora Chuyita López de Michel.
Pero Castro Almaguer nada pudo hacer para que ganara Chuyita, quien terminó en la tercera posición superada incluso por el desprestigiado Mochilas. Con ello quedó claro que el talento como operador político de Carlos Almaguer es del tamaño de los millones que decide invertir en cada elección.
Pero no fue la primera vez que Castro Almaguer cambiaba de camiseta política. Aunque su carrera y su fortuna las hizo al amparo del viejo PRI, no tuvo empacho en traicionar a su partido cuando financió la campaña del Dr. Jaime Cuevas en Bahía de Banderas. Era la segunda ocasión en que Cuevas buscaba la alcaldía, ahora por colores del PAN.
Y cómo no iba a operar en favor de Jaime Cuevas, si a él le debe todo el dinero que ha logrado amasar como empresario de la basura. Gracias al parentesco de Gustavo González Villaseñor con Jaime Cuevas, Juan Carlos Castro Almaguer logró hacerse de la concesión para recolectar la basura de Bahía de Banderas, con una licitación a modo que ganó a pesar de no tener experiencia y con una empresa creada apenas un mes antes de que se publicara la convocatoria.
Los enterados dicen que en la polla iban los tres, Gustavo González, Jaime Cuevas y el propio Castro Almaguer, pero con el paso de los años logró dejar fuera a sus socios para quedarse sólo con el negocio. Y cada tres años que llega un nuevo alcalde a Bahía Juan Carlos resulta lo suficientemente hábil para “convencerlo” de que lo más conveniente es que le sigan respetando la concesión.
Tan a modo fue la licitación que el contrato sólo incluye la recolección de basura en las zonas turísticas de Bahía, la basura de los pobres la sigue recogiendo el ayuntamiento desde entonces.
Por supuesto que Castro Almaguer quisiera que ese pasado priista y oscuro desapareciera, por eso ha comprado espacios en la mayoría de los medios de comunicación de la bahía, centaveando columnistas para que descalifiquen a quien se atreva a recordar su pasado de porro golpeador.
Hoy, con todo el apoyo de la familia Michel, Juan Carlos Castro ha tapizado bardas, autobuses y medallones de autos particulares para posicionar su marca, utilizando de manera desvergonzada el nombre de su hijo Juan Carlos Castro L., a quien terminará incrustando como candidato a regidor en la próxima planilla de Morena, cuando su ambicioso proyecto personal se vaya al caño porque la sociedad vallartense tendrá claro que es sólo un títere de la familia Michel.
Y ni siquiera del profe Michel o de su esposa Chuyita. Títere de Jesús Michel, El Cachuchas, el hijo que fuera el verdadero poder tras el trono en el trienio anterior.
Hoy Castro Almaguer ha quitado a su propia hija del escenario político para aparecer frente a los reflectores, convencido de que su dinero y sus alianzas son suficientes para apoderarse del poder político de Puerto Vallarta.
Es fácil entender su lógica: si un político tan limitado como Luis Munguía ganó la alcaldía, por qué no ha de ganarla él que se formó en las grandes ligas del viejo PRI y ahora sale a las calles a presentarse como un gran defensor del gobierno de Claudia Sheinbaum, al lado de otro dinosaurio del PRI llamado Antonio Lugo Morales.
Hoy Puerto Vallarta presume tener al peor alcalde de la historia con Luis Munguía, pero era lo mismo que se decía cuando el profe Michel o El Mochilas gobernaban. Cada tres años se cabe más bajo en materia de gobernantes.
Por eso es muy importante no dejarnos engañar de nuevo, con políticos oportunistas que hacen campaña abrazando viejitas en las colonias populares y pagando gacetillas en los medios para presumir que es un gran empresario.
Para que nadie se diga engañado ahí están los viejos amigos de Castro Almaguer, los que lo recibieron cuando llegó a Vallarta a finales del siglo pasado, los mismos que le extendieron la mano y le abrieron su casa, los que lo presentaron con Gustavo González Villaseñor para que se hiciera millonario y ahora no les dirija ni el saludo.
Ese es Juan Carlos Castro Almaguer, un viejo porro del PRI que hoy desvergonzadamente pretende venderse como la mejor opción para gobernar Puerto Vallarta. Allá ustedes si lo compran.
