Hay tradiciones que no solo se viven, se sienten.
Este fin de semana tuve el privilegio de participar en las tradicionales Prepaseadas de Las Palmas, una celebración que reúne a familias, amigos y generaciones enteras alrededor de una misma identidad.
Mientras recorría a caballo reafirmé que estas fiestas representan mucho más que una tradición. Son el reflejo de un pueblo orgulloso de sus raíces, de su historia y de su gente.
En estos años he aprendido que la política solo tiene sentido cuando se hace caminando junto al pueblo. Esa visión de cercanía, de escuchar antes de hablar y de estar donde está la gente, es una convicción que compartimos en Morena y que nuestra presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado con su forma de gobernar: recorrer el territorio, escuchar a las comunidades y nunca perder el contacto con quienes dan sentido al servicio público.
Las Palmas me recordó precisamente eso.
Los pueblos tienen una sensibilidad especial. Saben cuándo alguien llega con respeto y cuándo solo busca una fotografía. Aquí el cariño no se compra ni se improvisa; se gana con humildad, con presencia y con el tiempo.
Por eso me sentí como en casa.
Encontré familias orgullosas de sus costumbres, jóvenes que mantienen vivas las tradiciones y personas que, con un saludo o un abrazo, te hacen sentir parte de su comunidad.
Estoy convencido de que preservar nuestras tradiciones también es fortalecer el tejido social. Ahí es donde nacen la confianza, la solidaridad y el sentido de pertenencia que hacen grande a Puerto Vallarta.
Gracias, Las Palmas, por abrirme las puertas y el corazón. Me llevo el orgullo de haber compartido esta gran celebración y la certeza de que cuando se camina al lado del pueblo, siempre habrá una mano extendida, una conversación sincera y un motivo más para seguir trabajando por nuestra gente.
