Puerto Vallarta cumple 108 años como municipio y 58 como ciudad. Una fecha que debería servir no solamente para celebrar nuestro pasado, sino para reflexionar sobre el futuro que estamos construyendo.
Porque hoy Vallarta vive una realidad distinta.
Durante décadas fuimos reconocidos por algo que parecía inquebrantable: nuestra seguridad, nuestra hospitalidad y una imagen positiva que nos distinguía frente a otros destinos turísticos del país. Sin embargo, en los últimos años esa percepción ha comenzado a cambiar.
La baja en algunos indicadores turísticos, la creciente preocupación ciudadana por la seguridad, los problemas de movilidad, la presión sobre los servicios públicos y la sensación constante de que la ciudad está siendo rebasada por su propio crecimiento forman parte de la conversación cotidiana.
Y aunque muchas veces las redes sociales amplifican los problemas, sería irresponsable ignorar que existen desafíos reales.
Paradójicamente, Puerto Vallarta también vive uno de los momentos de mayor inversión de su historia.
La ampliación y modernización del aeropuerto internacional, la nueva autopista que conecta con Guadalajara impulsada por el Gobierno Federal, el puente Amado Nervo, la llegada de importantes desarrollos inmobiliarios y el crecimiento económico que sigue atrayendo inversiones nacionales e internacionales son muestra de la confianza que existe en el destino.
Pero toda oportunidad genera nuevos retos.
La llegada de grandes inversiones inmobiliarias exige una mejor planeación urbana. Más habitantes significan más demanda de agua potable, drenaje, movilidad, seguridad, vivienda, transporte público y espacios públicos de calidad.
A ello se suma un fenómeno que pocas veces se discute con seriedad: la migración.
Miles de personas llegan cada año a Puerto Vallarta buscando empleo, oportunidades económicas y una mejor calidad de vida. Es una muestra del dinamismo de nuestra ciudad, pero también representa una presión creciente sobre la infraestructura y los servicios que durante años fueron diseñados para una población mucho menor.
La pregunta entonces no es si Vallarta está creciendo.
La pregunta es si estamos preparados para crecer bien.
Y es aquí donde surge una reflexión importante.
Durante muchos años, el aniversario de Puerto Vallarta fue una plataforma para proyectar al destino. Era una oportunidad para promover la ciudad, fortalecer la identidad local y generar actividades que atraían visitantes y fortalecían el orgullo de pertenencia.
Hoy pareciera haberse convertido en una fecha administrativa más.
Y eso es algo que debemos replantear.
Puerto Vallarta necesita un relanzamiento de ciudad.
No un relanzamiento político. Un relanzamiento ciudadano.
Una visión construida por empresarios, universidades, colegios de profesionistas, organizaciones civiles, trabajadores del turismo, jóvenes y ciudadanos que entiendan que el futuro del destino no puede depender únicamente de los ciclos electorales.
Necesitamos una agenda común que trascienda gobiernos y colores.
Porque los problemas estructurales no se resolverán con acciones aisladas ni con proyectos que generan impacto mediático temporal. Se requiere planeación, visión de largo plazo y la capacidad de tomar decisiones que preparen a Vallarta para los próximos 20 años, no solamente para los próximos tres.
A sus 108 años como municipio y 58 como ciudad, Puerto Vallarta sigue siendo uno de los lugares más privilegiados de México.
Tenemos naturaleza, conectividad, inversión, talento y una ubicación estratégica que muchos destinos quisieran tener.
Lo que necesitamos ahora es recuperar la confianza en nosotros mismos, volver a creer en nuestra capacidad colectiva y construir una ciudad que crezca al mismo ritmo que sus oportunidades.
Porque el verdadero reto de Vallarta ya no es atraer desarrollo.
El verdadero reto es lograr que ese desarrollo se traduzca en bienestar para todos.
Y esa tarea nos corresponde a todos.
