Dicen los viejos que las crisis económicas no avisan… simplemente llegan, se sientan en la sala, abren el refrigerador y encima todavía preguntan: “¿y qué hay de comer?”. Y vaya que en Puerto Vallarta ya se siente ese tufillo de vacas flacas que muchos no quieren aceptar.
NO VAMOS BIEN
Nomás basta darse una vuelta por las principales calles del puerto para darse cuenta de que algo no anda bien. Ahí están los letreros de “SE RENTA” y “SE VENDE” adornando locales, casas y edificios como si fueran decoración de temporada. Juárez, Morelos y muchas otras calles ya parecen desfile inmobiliario del fracaso económico.
DEPORTE EXTREMO
Y es que no hay que ser contador del SAT para entenderlo: mantener un negocio hoy es prácticamente un deporte extremo.
Porque antes de aventarte la bronca de rentar un local de 30 mil pesos mensuales —que ya hasta parece renta en Beverly Hills— tienes que sacar cuentas: empleados, seguro social, Infonavit, ISR, IVA, impuesto sobre nómina, luz, agua, internet, teléfono, permisos y demás “mordiditas legales” que te van dejando más exprimido que limón de taquería.
PARA SALIR “TABLAS”
En pocas palabras: para apenas salir “tablas”, necesitas meterle al negocio mínimo cien mil pesos mensuales. Y si no salen las cuentas, pues aplica el dicho popular: “más vale bolsa saca que bolsa seca”, que repetía hasta el cansancio el doctor Heriberto Sánchez Ruiz.
LOS DICHOS
Pero cuando el negocio ya no deja ni para las tortillas, entra el otro refrán ranchero: “vaca que no da leche, que no cague el corral”. Por eso muchos comerciantes mejor están entregando los locales antes de seguir sangrando dinero.
El problema es que muchos propietarios siguen viviendo en la época dorada del Vallarta boyante, cuando el dólar estaba fuerte, los gringos llegaban en manada y cualquier cuartito se rentaba como penthouse de Nueva York. Hoy la realidad es otra… pero los precios no bajan ni a mentadas.
RENTAS IMPAGABLES
Ahí tienen a los dueños de locales aferrados a cobrar rentas impagables, aunque el inmueble dure vacío meses y meses. Les aplica perfectamente el dicho: “o bien vendido o bien podrido”.
Y mientras tanto, la ciudad comienza a resentir el golpe.
PESOS VS DÓLARES
La famosa gentrificación vino a ponerle la cereza al pastel. Porque mientras un canadiense o un norteamericano paga sin despeinarse en dólares, el vallartense tiene que sobrevivir cobrando en pesos… y devaluados lastimosamente.
Así funciona la ley de la oferta y la demanda: el que trae dólares manda… y el local se amuela.
MENOS COMPRARLA
Por eso hoy mucha gente ya no puede pagar una casa, mucho menos comprarla. Lo que hace unos años parecía caro, hoy parece insulto financiero.
LO ACONTECIDO
Y sí, algunos dirán que “es temporada baja”, que “en invierno se compone”, que “el turismo siempre salva”. Pero tampoco podemos tapar el sol con un dedo. Desde los hechos violentos registrados el pasado 22 de febrero, donde supuestamente perdió la vida “El Mencho”, la percepción de inseguridad pegó fuerte y la recuperación turística no será tan rápida como algunos creen.
GRACIAS AL TURISMO
Y no nos hagamos: Puerto Vallarta vive, come, respira y hasta cobra gracias al turismo. Si el turismo se frena, la ciudad se resfría… y aquí ya se escucha la tos con bronquitis económica.
IMPLORANDO
Por eso urge que los tres niveles de gobierno se pongan las pilas antes de que este buey se nos vaya más hondo en la barranca. El alcalde Luis Munguía González, el gobernador Pablo Lemus Navarro y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tendrán que dejar los discursos bonitos y empezar a idear cómo reactivar de verdad el destino.
Porque no todo se arregla diciendo “viene el Mundial”. La gente no come balones ni paga la renta con selfies futboleras.
NO PAGA LA NÓMINA
Y ojo… que quede claro: Vallarta ha sobrevivido huracanes, crisis, pandemias y políticos. Claro que puede salir adelante otra vez.
Pero para eso primero hay que aceptar la realidad… porque con negar la crisis, no arreglamos nada ni se paga la nómina.
