Y, así las cosas, hubo un tiempo en que la mayor preocupación de un creador de contenido era que el algoritmo lo castigara. Hoy, en ciertas regiones de México, el verdadero miedo es que quien aparezca en la transmisión no sea un nuevo seguidor… sino un sicario.
La pantalla sigue diciendo “EN VIVO”, pero la realidad ya no tiene filtro.
Los asesinatos de César Gastélum en Culiacán y, meses antes, de Valeria Márquez, en Guadalajara dejaron una escena que hiela la sangre: ambos fueron atacados mientras transmitían para miles de personas. Miles de ojos mirando… y nadie podía hacer absolutamente nada. Qué ironía.
TESTIGOS SILENCIOSOS
Las redes sociales nacieron para acercarnos, pero en estos casos se convirtieron en testigos silenciosos de la barbarie.
Y todavía hay quien dice que “eso sólo pasa porque andaban en malos pasos”. Esa es la explicación más cómoda para no aceptar una verdad mucho más incómoda: en un país donde la violencia se normaliza, cualquiera puede convertirse en noticia en cuestión de segundos.
DICTARON SENTENCIA
Las autoridades mantienen abiertas distintas líneas de investigación, incluida la posible participación de la delincuencia organizada. Y mientras los peritos investigan, en redes sociales millones ya dictaron sentencia, inventaron teorías y repartieron culpabilidades como si fueran ministerios públicos con conexión a Wi-Fi.
Porque en México no sólo abundan los expertos en fútbol…. También los detectives de Facebook.
Resulta curioso que hoy un teléfono celular pueda transmitir en alta definición, con estabilizador de imagen, inteligencia artificial y conexión casi instantánea… pero siga siendo incapaz de detener una bala… la tecnología avanza. La seguridad, no tanto.
MALAS INTENCIONES
Cada transmisión en vivo parece una ventana a la intimidad de quienes generan contenido. Nos muestran dónde comen, dónde viajan, con quién están y a qué hora llegan. Lo que antes era cercanía con la audiencia, hoy también puede convertirse en información para quien tenga malas intenciones. Compartimos demasiado.
Y olvidamos que no todos los que observan lo hacen con buenas intenciones.
LAS REDES SOCIALES
No se trata de culpar a quienes decidieron vivir de las redes sociales. El problema nunca ha sido prender la cámara. El problema es que hemos llegado al punto donde hacerlo puede convertirse, en determinados contextos, en un riesgo inesperado.
Eso debería indignarnos mucho más que el chisme de moda.
Porque mientras seguimos discutiendo quién tiene más seguidores, quién presume más lujos o quién hace el video más viral, la violencia continúa escribiendo el último capítulo de historias que jamás debieron terminar así.
DESLIZAR EL DEDO
Qué triste país aquel donde un “en vivo” puede convertirse, sin previo aviso, en la última transmisión de una persona.
Y mientras nosotros deslizamos el dedo para pasar al siguiente video…
México sigue intentando descubrir en qué momento la muerte también decidió abrir su propia cuenta en redes sociales.
