Hace apenas unos años, cuando se confirmó que México sería sede de la Copa Mundial de Futbol 2026, muchos pensamos que Puerto Vallarta tenía frente a sí una oportunidad histórica.
No seríamos sede oficial, es cierto. Pero somos la playa más cercana a Guadalajara y Zapopan, dos de las ciudades que recibirán partidos mundialistas. Millones de personas alrededor del mundo estarían volteando a ver esta región y Vallarta tenía todo para convertirse en el destino complementario ideal: mar, gastronomía, naturaleza, hospitalidad y una marca turística reconocida internacionalmente.
Sin embargo, a unos días del arranque del Mundial, la realidad parece otra.
La oportunidad de prepararnos para ese momento se fue diluyendo entre la falta de visión, la ausencia de una estrategia integral y la incapacidad de entender que los grandes eventos no se aprovechan solos. Se construyen.
Mientras otras ciudades se preparan para recibir visitantes, fortalecer su imagen y proyectarse al mundo, en Vallarta seguimos enfrentando problemas que todos conocemos: calles deterioradas, deficiencias en servicios públicos, infraestructura rebasada, basura en distintos puntos de la ciudad y una percepción de inseguridad que ha comenzado a afectar una de nuestras mayores fortalezas.
A ello se suma un fenómeno que preocupa a empresarios, comerciantes y trabajadores del sector: la baja en la actividad turística. Hoy el destino enfrenta retos importantes para mantener ocupaciones, atraer visitantes y competir con otros mercados nacionales e internacionales.
Y justo cuando el Mundial representaba una plataforma extraordinaria para relanzar la ciudad, parece que nadie tomó la responsabilidad de convertir esa oportunidad en una estrategia.
¿Dónde está la campaña que promoviera a Vallarta en Guadalajara, Zapopan y Monterrey? ¿Dónde está la coordinación entre gobierno, iniciativa privada y sociedad civil para posicionar al destino como la mejor opción de playa para los visitantes mundialistas? ¿Dónde está la narrativa que mostrara al mundo una ciudad preparada para crecer?
Lo más preocupante es que el problema no es únicamente turístico.
Puerto Vallarta está viviendo una transformación acelerada con inversiones público privadas que buscan impulsar el destino. Todo eso representa progreso, pero también desafíos.
Hoy el verdadero debate no debería ser quién tiene la culpa, que todos los sabemos, lo fundamental es qué vamos a hacer para recuperar el rumbo.
Puerto Vallarta necesita una visión de largo plazo. Necesita dejar de pensar en administraciones de tres años y comenzar a pensar en las próximas tres décadas. Necesita una alianza amplia entre ciudadanos, empresarios, universidades, especialistas y nuevos gobiernos que permita construir un proyecto común de ciudad.
Porque Vallarta sigue teniendo todo para ser protagonista, lo que falta es dirección.
El Mundial aún llegará a México. Las oportunidades seguirán apareciendo. Pero si queremos aprovecharlas, debemos dejar de conformarnos con administrar los problemas y empezar a construir soluciones.
Puerto Vallarta merece volver a ser una ciudad que inspire.
