Bien me lo decía mi abuela Petra: “cuando el tío suena, es porque agua lleva”. En Morena ya no saben si prenderle una veladora a San Judas Tadeo, contratar un despacho de control de daños… o simplemente hacerse los desentendidos cada vez que alguien menciona a Rubén Rocha Moya. Y es que el gobernador con licencia de Sinaloa se convirtió en el invitado incómodo de la fiesta guinda. El problema es que no se quiere ir… y además ya llegó con escolta.
SON CREÍBLES
Porque mientras aquí algunos todavía repiten aquello de “es un ataque del imperialismo yanqui”, la realidad es que la gente ya sacó sus propias conclusiones. Según la encuesta de Enkoll para El País el 62% de los mexicanos cree creíbles las acusaciones por narcotráfico lanzadas desde Estados Unidos contra Rocha. O sea, seis de cada diez mexicanos ya no compran el discurso de persecución política ni el cuento de la soberanía ultrajada.
Y eso es justamente lo que tiene sudando frío a más de uno en Palacio Nacional.
REPARTIR CULPAS
Porque una cosa es defender la soberanía con discursos patrioteros mañaneros, y otra muy distinta intentar explicar por qué el gobernador de tu partido aparece mencionado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en asuntos relacionados con el Cártel de Sinaloa y Los Chapitos. Ahí sí ya no alcanza con decir “es culpa de Calderón”.
EL COSTO POLÍTICO
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha tratado de caminar sobre vidrio sin cortarse. Por un lado no puede abandonar a uno de los suyos porque en Morena la lealtad es casi religión. Pero por el otro, tampoco puede salir a abrazarlo demasiado porque el costo político ya empieza a sentirse… y fuerte.
VÍNCULOS REALES
De hecho, el verdadero problema no es solamente Rocha Moya. El verdadero problema es la percepción. Y la percepción en política pesa más que un expediente judicial. Cuando el 45% de la gente cree que sí existen vínculos reales entre Rocha y grupos criminales, la narrativa de la “transformación moral” empieza a hacer agua por todos lados.
TUFO DE SERIEDAD
Claro, todavía hay un 36% que piensa que todo es una jugada política de Estados Unidos. Nunca faltan los patriotas de Facebook que creen que la DEA desayuna pensando cómo desestabilizar a Morena. Pero incluso entre esos, muchos ya hablan con la boca chiquita. Porque el asunto dejó de parecer chisme opositor y empezó a oler a crisis seria.
YA NO VALE
Y mientras tanto, en el Congreso, varios legisladores morenistas hacen lo que mejor saben hacer cuando las cosas se ponen feas: esconderse detrás del discurso de la soberanía nacional. Que si Estados Unidos no debe intervenir, que si México es libre, que si la dignidad patria… puro rollo de mariachi diplomático. El detalle es que la soberanía no sirve de mucho cuando las encuestas empiezan a desplomarse y el electorado comienza a desconfiar.
UNA PIEDRA EN EL ZAPATO
Porque aunque quieran minimizarlo, Rubén Rocha ya se convirtió en una piedra amarrada al tobillo de Morena. Y esas piedras hunden.
YA NO GANA UNA ESCOBA
Lo más curioso es que hace apenas unos meses el oficialismo presumía niveles de popularidad casi celestiales. Parecía que Morena podía postular una escoba y ganaba. Pero casos como este empiezan a romper esa narrativa de invencibilidad. La gente podrá perdonar muchas cosas, pero cuando escucha palabras como “narcotráfico”, “Chapitos” y “Departamento de Justicia”, el nerviosismo aparece hasta en el más obradorista.
Y ahí está Rocha, entrando a declarar ante la FGR en Culiacán como quien va a renovar la licencia. Morena intentando ganar tiempo. Estados Unidos apretando. Y la opinión pública viendo el espectáculo con cara de “yo ya sospechaba”.
NO SIEMPRE
Porque una cosa es gobernar con mañaneras… y otra muy distinta gobernar cuando el vecino del norte (léase: Donald Trump) te pone la lupa encima. Y en política, cuando el río suena… no siempre es porque la oposición anda de escandalosa.
