Dicen que cuando un país presume tener un sistema de salud “mejor que el de Dinamarca”, uno imagina hospitales abastecidos, medicamentos disponibles y padres preocupados únicamente porque su bebé eructe después del biberón. Lo que difícilmente imaginaría es que terminarían buscando leche… como si estuvieran comprando mercancía de contrabando.
“EL MERCADO NEGRO”
Porque sí, aunque parezca argumento de una serie de televisión, en México ya existe un mercado negro de fórmulas pediátricas especiales. Y no estamos hablando de un perfume pirata o de tenis de imitación. Estamos hablando del alimento que literalmente mantiene con vida a bebés que padecen Alergia a la Proteína de Leche de Vaca (APLV).
La investigación de el CEO pone sobre la mesa una realidad que nadie debería normalizar: padres que hacen transferencias bancarias a desconocidos, entregas clandestinas en estaciones del Metro, citas en tianguis y ventas por redes sociales para conseguir una lata de fórmula. Casi parece que estuvieran comprando boletos para un concierto agotado… con la diferencia de que aquí lo que está en juego no es un espectáculo, sino la salud de un recién nacido.
DESESPERACIÓN
Y mientras las familias preguntan desesperadas si “ya llegó la fórmula”, la respuesta suele ser la misma que conocen millones de derechohabientes: “venga la próxima semana”. La próxima semana, la próxima… Como si un bebé pudiera poner en pausa el hambre hasta que el sistema acomode sus inventarios.
YA COBRARON
Lo más cruel es que estos padres ya pagaron por ese servicio. Lo hacen cada quincena mediante cuotas obrero-patronales e impuestos. Sin embargo, cuando llegan a la ventanilla, reciben un pase directo a una lista de espera. Para alimentar a su hijo no basta con tener una receta médica; ahora también hace falta suerte.
Y cuando la desesperación rebasa la paciencia, aparece el verdadero ganador de esta historia: el mercado negro.
Porque donde el Estado deja un vacío, alguien hace negocio.
NADIE SABE
Nadie sabe si esas fórmulas fueron robadas de un almacén, si permanecieron semanas bajo el sol, si están adulteradas o incluso caducadas. Pero cuando un bebé depende exclusivamente de ese alimento, el miedo termina siendo menos fuerte que el hambre.
Y eso, más que un fracaso administrativo, es una derrota moral.
SIEMPRE EL IMSS
El IMSS habla de licitaciones desiertas, incumplimientos de proveedores, escasez de materias primas y problemas regulatorios. Explicaciones seguramente válidas desde un escritorio.
Pero desde la cuna de un bebé, las licitaciones no alimentan.
Los contratos rescindidos no nutren. Las conferencias de prensa tampoco. Lo que alimenta es una lata de fórmula… y esa no está.
Mientras tanto, las cifras siguen acumulándose como si fueran simples estadísticas. Miles de consultas relacionadas con esta condición, decenas de miles de quejas en las instituciones y padres que llegan al límite de endeudarse para comprar un producto que puede costar más de mil pesos por lata. Hay familias que destinan hasta 16 mil pesos mensuales únicamente para que su hijo pueda comer.
DE MARAVILLA
Y todavía hay quien insiste en que el sistema funciona de maravilla. Quizá el verdadero problema no sea únicamente el desabasto. El problema es que nos estamos acostumbrando.
Nos acostumbramos a que falten medicamentos. Nos acostumbramos a que falten especialistas.
Nos acostumbramos a llevar nuestra propia gasa, nuestro propio algodón y hasta nuestra propia paciencia.
Ahora quieren que también nos acostumbremos a comprar leche en la clandestinidad.
Lo verdaderamente peligroso no es solamente que exista un mercado negro. Lo alarmante es que haya nacido gracias a la ausencia del Estado.
Porque cuando alimentar a un bebé depende de un contacto de Facebook, de un mensaje de WhatsApp o de una cita en una estación del Metro, ya no estamos frente a un problema de logística.
¿QUÉ DEJÓ DE FUNCIONAR?
Estamos frente a la evidencia de que algo muy profundo dejó de funcionar.
Como solía decir doña Petra Navarro: “Cuando la necesidad entra por la puerta, la dignidad muchas veces tiene que salir por la ventana.”
Y un país donde los padres tienen que buscar leche como si fuera mercancía clandestina, difícilmente puede presumir que vive… como en Dinamarca.
