Por Luis Alberto Alcaraz
Recién cumplida la primera mitad de su mandato, el saldo del gobierno de Luis Ernesto Munguía es terriblemente negativo en todos los aspectos. Es cierto que les ha cambiado la vida a miles de niños vallartenses con sus Tuki parques, pero el costo de estos rincones instagrameables es verdaderamente escandaloso.
El punto más lamentable de esta administración lo vimos el 22 de febrero pasado, cuando por más de ocho horas los criminales se adueñaron de la ciudad incendiando y saqueando todo lo que les vino en gana.
Ese enorme vacío de poder retrató de manera certeza al gobierno de Luis Munguía, un carismático político que llegó al poder prometiendo el gobierno del bien y sólo se ha dedicado a atracar de manera burda el presupuesto apoyado por un grupo de empresarios que en lugar de defender los intereses del pueblo sólo exigen su millonaria rebanada del pastel.
Se entiende la incapacidad de Luis Munguía y sus funcionarios para hacer frente al crimen organizado, algo que ningún municipio del país está en condiciones de hacer, pero no hay forma de justificar su estrepitoso fracaso en materia de seguridad pública.
En las últimas semanas la periferia de Puerto Vallarta se ha convertido literalmente en un cementerio, con cuerpos arrojados a la vía pública de manera impune, lo mismo de mujeres violentadas que de miembros del sector LGBT, e incluso de extranjeros que tuvieron la desgracia de encontrarse en el lugar equivocado, confiados en que Puerto Vallarta era un paraíso.
Ante la ola de feminicidios, la respuesta del alcalde Luis Munguía fue lamentable: un boletín de tres páginas para hacer un recuento de su programa de seguridad pública: compramos 35 patrullas, adquirimos 300 radios portátiles, se adquirieron 10 pulsos de vida, contrataremos 80 nuevos elementos, brindamos 128 atenciones sicológicas, bla, bla, bla.
En lugar de despedir al jefe de la Policía Municipal por su manifiesta incapacidad, el presidente municipal pretende calmar la indignación de la ciudadanía con frases huecas: “lamentamos profundamente los asesinados de mujeres en nuestro país y, prioritariamente en nuestra ciudad”.
En el colmo de su ineptitud, Luis Munguía reconoce que, “aunque la investigación y seguimiento de los casos son competencia de la Fiscalía del Estado, como gobierno no estamos ajenos a nuestra responsabilidad en materia preventiva”.
Y es que ahí está la clave, en la prevención, que nuestras mujeres puedan estar tranquilas con la certeza de que no corren ningún peligro. Pero ocurre todo lo contrario, entre diciembre del 2025 y marzo del 2026, la percepción de inseguridad entre los vallartenses pasó de un 32% a un 60%, según las mediciones del Inegi.
Esto representa un aumento del 100% en la percepción de inseguridad de los vallartenses, quienes hoy viven con miedo gracias a las fallidas acciones de gobierno de Luis Munguía, quien mientras tanto sigue adelante derrochando el presupuesto en obras de relumbrón pagadas con sobreprecio.
De manera especial ofende la manera en que Munguía ha utilizado la nómina municipal para beneficiar a sus amigos y aliados políticos, creando nuevas dependencias que sólo tienen la finalidad de garantizar jugosos sueldos para sus amigos.
Familias enteras han sido incrustadas en la nómina municipal, asesores que no asesoran gerentes que sólo sirven para cobrar la quincena, mientras el municipio literalmente se cae a pedazos y se hunde en la basura, con cortes de agua potable nunca vistos.
Y de la deuda pública ni hablar, el adeudo a proveedores es gravísimo, tanto por su opacidad como por su monto, lo cual implica un grave riesgo en caso de que Luis Munguía siga gobernando de la misma manera durante la otra mitad de su trienio.
El caos fuera total de no ser por la forma decidida en la que el gobernador de Jalisco Pablo Lemus ha destinado a Puerto Vallarta grandes recursos para aliviar la crisis de movilidad que padece el municipio, tanto en el transporte colectivo como en la mejora de vialidades.
Por desgracia la basura, la falta de agua potable y, sobre todo, la inseguridad, golpean como nunca a los habitantes de Puerto Vallarta. Ayer domingo, mientras cientos de mujeres se organizaban para tomar la Avenida de Ingreso en protesta por la inseguridad, un malviviente apuñalaba a una jovencita encargada de una papelería en la delegación de Ixtapa, mientras los policías municipales miraban videos en sus celulares bajo las sombras de los árboles, disfrutando del aire acondicionado de su patrulla.
Puerto Vallarta es un barril de pólvora a punto de estallar debido a la incapacidad de Luis Munguía para gobernar un municipio tan complejo como el nuestro, pero mientras el estallido final llega algunas mujeres y hombres inocentes seguirán pagando con su sangre el alto costo de la mediocridad de un político que en campaña nos prometió el cielo y en 18 meses de gobierno nos ha condenado a vivir en el infierno.
