Pues resulta que en la sacrosanta Suprema Corte de Justicia de la Nación ya no sólo se discuten amparos, controversias constitucionales y pleitos entre poderes… ahora también, al parecer, se degustan botanas con producción audiovisual incluida.
Y es que varias colaboradoras de la ponencia del ministro Irving Espinosa Betanzo terminaron “renunciando voluntariamente” —sí, claro, igualito que cuando el novio dice “necesitamos tiempo”— después de que se viralizaran unos videítos grabados dentro de las instalaciones de la Corte promoviendo una marca de fritangas.
VÁLGAME DIOS
¡Imagínese usted! Ahí donde antes se hablaba de jurisprudencia, división de poderes y constitucionalidad… ahora parecía comercial de TikTok con sabor a chile limón.
ESPIRITU “INFLUENCER”
Según la versión oficial, nadie autorizó nada.
Ni la Corte. Ni el ministro. Ni el de intendencia. Ni el guardia de la puerta. Prácticamente dijeron que las muchachas llegaron poseídas por el espíritu influencer y que las cámaras se prendieron solas.
EL SUELDO QUE NO ALCANZA
Y mire, uno entiende que los sueldos en el servicio público ya no alcanzan ni para unos chetos inflados con aire premium… pero de eso a convertir la Corte en foro de contenido patrocinado, pues tampoco.
Porque una cosa es “hacer patria” y otra “hacer pauta comercial”.
Lo mejor vino con el elegante manejo del lenguaje burocrático. No dijeron “despedidas”. No, hombre. Aquí todo con finura jurídica:
“Presentaron su renuncia con efectos inmediatos y carácter irrevocable”.
ASÍ FUE
Traducido al español de la banqueta:
—“Mijita, entregue el gafete y váyase antes de que esto huela peor.”
Y como siempre sucede en México, las redes hicieron el trabajo detectivesco más rápido que cualquier órgano interno. En cuestión de horas ya tenían identificada a una de las participantes: Jaqueline Sánchez. Porque el internet podrá perdonar una deuda de Coppel… pero jamás perdona un ridículo viral.
LA CORTE SALIÓ
La Corte, por supuesto, salió rapidísimo a recordar que sus instalaciones están destinadas exclusivamente al trabajo jurisdiccional e institucional.
O sea: sí pueden discutirse asuntos que afectan a millones de mexicanos… pero no anunciar papitas enchiladas entre expediente y expediente.
Aunque siendo sinceros, esto destapó algo más grande: la obsesión enfermiza de muchos funcionarios por sentirse celebridades digitales. Ya cualquiera con un celular cree que merece un aro de luz, un patrocinio y veinte mil seguidores comprados en Pakistán.
EL CONTENIDO
Hoy no basta con ser asesor. Ahora quieren ser “creadores de contenido”.
Ya no redactan proyectos de sentencia… ahora quieren hacer reels motivacionales con música de Bad Bunny y subtítulos fosforescentes.
EL MENÚ
Y cuidado, porque esto apenas empieza.
Al rato veremos:
—“Tutorial para interponer un amparo mientras pruebas gomitas enchiladas.”
—“Storytime: cómo sobreviví a una sesión del pleno sin dormirme.”
—“GRWM judicial: arréglate conmigo para declarar inconstitucional algo.”
LO CURIOSO
Lo más curioso es que el escándalo llegó justo cuando la imagen del Poder Judicial anda más golpeada que piñata en fiesta infantil. Y en vez de ayudar, salen estas joyitas convirtiendo la Corte en set de influencers godínez.
Porque sí, dirán que fue un acto personal … pero cuando uno usa oficinas públicas, mobiliario oficial y espacios institucionales para promocionarse, ya no es tan personal. Es como si un diputado grabara un comercial de carnitas en la tribuna y luego dijera: “Uy, perdón, pensé que era Airbnb.”
POLÍTICO MEXICANO
Eso sí: hay que reconocer que las muchachas aprendieron rápido el nuevo manual político mexicano.
Aquí nadie acepta culpa.
Nadie sabía nada.
Nadie autorizó nada.
Y todos renuncian “voluntariamente” justo antes de que les enseñen la puerta.
Una tradición nacional más sólida que el pozole del 15 de septiembre.
EL “DEBATE”
Mientras tanto, México viendo cómo en la máxima instancia judicial del país ya no sólo se litigan derechos constitucionales… también se litigan daños a la imagen corporativa de las botanas.
