“Siempre he dicho que el interés tiene pies”, y en estos tiempos electorales parece que hasta corre maratones. Porque nomás asoman las campañas disfrazadas de “encuestas ciudadanas”, y de inmediato empiezan a aparecer por todos lados los mismos personajes sonrientes, abrazando niños, saludando viejitas y hasta persignándose como si fueran candidatos al Vaticano y no a un cargo público.
DIME QUIÉN PAGA Y TE…
Y usted me preguntará: ¿quién dice eso? Pues la gente. Sí, esa misma gente que ya aprendió que las encuestas muchas veces no sirven para medir preferencias… sino para fabricar candidatos. Porque hoy cualquiera que tenga suficiente presupuesto puede amanecer “puntero” en un estudio de opinión pagado con más maquillaje que verdad.
COMPRAN OBEDIENCIA
Principalmente algunos suspirantes de Morena —y de otros colores también, para que luego no chillen— andan desesperados porque los reconozcan como “gente buena”. Aunque detrás de la sonrisa Colgate se escondan amistades incómodas, negocios raros o un pasado más turbio que canal en temporada de lluvias. Pero ahí andan, queriendo llegar a la grande, porque descubrieron que el dinero sí compra lujos… pero el poder compra obediencia.
“NO HAY FORTUNA SIN DELITO”
Y como dice otro sabio refrán salido de esta humilde boca: “no hay fortuna sin delito”… aunque luego se enojen los aludidos y manden bots a defender su honor en Facebook.
LAS QUE NO SE PUBLICAN
Por eso no sorprende que las encuestas las gane quien las paga. Las verdaderas, las que sí sirven, son las que nunca se publican. Ésas se usan nomás para medir daños, corregir campañas y saber dónde ya los mandaron mucho a volar. Las otras, las que salen en portales patito y páginas recién creadas, ésas son propaganda con numeritos.
NADIE ANDA DE “OQUIS”
Nomás basta ver quién patrocina a cada “aspirante” para entender qué intereses vienen detrás del aplauso. Porque nadie invierte millones en bardas, lonas y espectaculares por amor al prójimo. El interés tiene pies… y también factura.
Y ahora resulta que muchos hasta descubrieron la fe. Algunos que jamás pisaban una iglesia hoy ya hasta quieren comulgar enfrente de las cámaras, abrazar sacerdotes y posar como santos patronos de la familia tradicional. Se vuelven religiosos de a “polvis”, expertos en moral y buenos padres de familia… aunque medio pueblo conozca las otras versiones del personaje.
MEZCLA LA RELIGIÓN
La religión y la política no deberían mezclarse, pero ya ve usted que en tiempos electorales hasta el más pecador encuentra a Dios… sobre todo si hay votos de por medio.
CUIDADO, MUCHO CUIDADO
Por eso hay que tener mucho cuidado a quién le entregamos la confianza y el voto. No vaya siendo que terminemos poniendo a las ovejas en manos del mero lobo feroz, nomás porque salió muy sonriente en una encuesta pagada.
LA BASURA ELECTORAL
Y mientras tanto, la ciudad llena de basura electoral. Lonas, carteles y propaganda regados por todos lados, como si Puerto Vallarta fuera basurero clandestino de egos políticos. El árbitro electoral parece hacerse de la vista gorda, pero la gente ya no se chupa el dedo. Ya sabemos distinguir entre popularidad real y publicidad inflada con billetazos.
LA ÚLTIMA PALABRA…
Porque al final, ni las bardas hablan, ni las encuestas votan. La última palabra la tiene la gente… aunque algunos candidatos crean que también eso se puede comprar.
