La Serie Mundial terminó, los Brewers celebran el primer campeonato de su historia y Tampa Bay puede presumir una campaña extraordinaria. Pero mientras Milwaukee disfruta la gloria, en las oficinas de Dodgers, Yankees, Padres, Cubs, Giants, Mets, Rangers y otras franquicias comienza una temporada mucho menos agradable: la de las explicaciones, las responsabilidades y las decisiones que deberán tomar para no repetir sus fracasos en 2027. Porque no todos pueden ganar el campeonato, pero tampoco resulta aceptable que organizaciones con enormes recursos y planteles repletos de estrellas terminen exhibiendo deficiencias que debieron corregirse mucho antes de octubre.
El caso más escandaloso es el de los Dodgers. Los albiazules californianos pretendían conquistar su tercera Serie Mundial consecutiva y disponían de una auténtica constelación de figuras: Shohei Ohtani, Mookie Betts, Freddie Freeman, Will Smith, Max Muncy, Teoscar Hernández y Kyle Tucker, además de lanzadores como Yoshinobu Yamamoto, Blake Snell, Tyler Glasnow y Tarik Skubal. Para cerrar los encuentros tenían al millonario Edwin Díaz, sin olvidar a Roki Sasaki y otros relevistas de calidad. Una maquinaria costosísima, con suficientes recursos para competir contra cualquiera y que parecía construida para arrasar.
¡Y terminó arrasada! Milwaukee barrió a Los Ángeles en cuatro encuentros por el campeonato de la Liga Nacional, devolviéndole la misma dosis que los Dodgers le habían aplicado en 2025. Pero lo verdaderamente preocupante para los angelinos no fue solamente perder, sino la forma en que fueron superados. Una ofensiva de semejante calidad no respondió oportunamente, sus lanzadores no lograron cambiar el rumbo y las decisiones desde el dugout tampoco encontraron soluciones. El poderoso conjunto que soñaba con un tricampeonato terminó derruido por unos Brewers que jugaron mejor en prácticamente todos los departamentos.
Dave Roberts reconoció la superioridad de los Cerveceros y elogió su intensidad competitiva. Pero ese reconocimiento no basta. ¿Cómo pudo semejante colección de figuras quedar eliminada sin conseguir una sola victoria? Roberts, Andrew Friedman, los coaches de bateo y pitcheo y los responsables de la preparación física tienen mucho que revisar. ¿Faltaron ajustes ofensivos? ¿Se administró correctamente el pitcheo? ¿Llegaron los veteranos en condiciones óptimas? ¿Se confundió la profundidad de una nómina con la verdadera fortaleza de un equipo? Los dos campeonatos anteriores son méritos indiscutibles, pero no deben convertirse en coartada para ignorar semejante fracaso.
Los Yankees tampoco tienen motivos para presumir. Después de eliminar a Boston, fueron barridos por Tampa Bay en la Serie Divisional. La ausencia de Aaron Judge y los problemas físicos de Giancarlo Stanton afectaron considerablemente al conjunto neoyorquino, pero una organización de semejantes recursos no puede depender exclusivamente de que sus principales figuras estén disponibles. Aaron Boone y su cuerpo técnico deberán encontrar respuestas para una ofensiva que volvió a quedarse corta cuando más importaba. La historia gloriosa de los Bombarderos del Bronx no conecta imparables ni gana partidos por sí sola.
San Diego, con Fernando Tatis Jr., Manny Machado y otros peloteros de enorme calidad, tampoco consiguió dar el salto esperado y terminó eliminado por Milwaukee. Los Padres han invertido considerablemente y cuentan con una afición que ya no se conforma con participar en la postemporada. A. J. Preller y los responsables deportivos deberán analizar el pitcheo, la producción ofensiva y la profundidad de un plantel que sigue quedándose a las puertas de sus grandes objetivos.
Los Cubs de Craig Counsell, pese a contar con Pete Crow-Armstrong, Alex Bregman y Seiya Suzuki, quedaron fuera frente a San Diego en la ronda de comodines. Chicago había generado expectativas importantes y disponía de elementos suficientes para aspirar a más. Pero una vez que comenzó la eliminación directa, su ofensiva no encontró las respuestas necesarias. Counsell, sus coaches y la directiva tendrán que examinar por qué un conjunto preparado para competir terminó despidiéndose tan pronto.
Filadelfia cayó ante Atlanta y los Astros fueron sorprendidos por los White Sox. Houston, que durante años fue una de las organizaciones más temibles del béisbol, terminó despidiéndose prematuramente, y la salida de Joe Espada como mánager reflejó la inconformidad de la directiva. Sin embargo, cambiar al dirigente no resuelve automáticamente los problemas de profundidad, las lesiones o los errores cometidos en la integración del plantel. Los gerentes generales y los cuerpos técnicos también tienen responsabilidades que no pueden quedar escondidas detrás de un despido.
Pero todavía más preocupante es el panorama de quienes ni siquiera alcanzaron octubre. Los Giants terminaron con 97 derrotas, cifra inadmisible para una organización de semejante tradición. El primer año de Tony Vitello no produjo los resultados esperados, aunque sería injusto atribuirle exclusivamente el desastre. Buster Posey, Zack Minasian y el cuerpo técnico deberán revisar una ofensiva inconsistente, un bullpen vulnerable y un proyecto que continúa muy lejos de recuperar el protagonismo de San Francisco. Una franquicia que conquistó tres Series Mundiales entre 2010 y 2014 no puede resignarse a contemplar cómo sus principales rivales de California siguen disputando los primeros lugares.
Los Mets, pese a su enorme capacidad económica, terminaron con 88 derrotas y volvieron a decepcionar a sus aficionados. Nueva York tiene los recursos para aspirar a mucho más, pero gastar fortunas no equivale a desarrollar una organización equilibrada. David Stearns deberá revisar contrataciones, pitcheo, preparación y funcionamiento colectivo. Cuando una franquicia invierte para competir por el campeonato y ni siquiera clasifica, la explicación no puede reducirse a que algunos jugadores tuvieron una mala temporada.
Texas tampoco tiene demasiado que celebrar. Los Rangers, campeones mundiales en 2023, terminaron con marca de 80-82 y desperdiciaron una oportunidad extraordinaria para regresar a la postemporada. Houston ganó su división con apenas 81 victorias, de manera que a Texas le faltó muy poco para avanzar en una competencia que estuvo lejos de presentar un dominador. Corey Seager, Marcus Semien, Wyatt Langford y sus compañeros forman parte de un plantel con talento suficiente para ofrecer mejores resultados. La directiva deberá investigar qué ocurrió con la consistencia ofensiva, la salud de sus jugadores y la conducción técnica.
Boston al menos consiguió llegar a octubre, pero los Red Sox fueron barridos por sus acérrimos rivales neoyorquinos. Y no solamente perdieron: fueron ampliamente superados en los dos encuentros de la serie, sin encontrar respuestas ofensivas. Para una franquicia con la tradición de los Medias Rojas, regresar a los playoffs debe ser el comienzo de una aspiración mayor, no la justificación para conformarse con una despedida prematura. Craig Breslow y su equipo tendrán que fortalecer el plantel y revisar por qué Boston volvió a quedarse sin argumentos frente a su adversario histórico.
En Chicago, mientras tanto, ocurrió algo particularmente interesante. Los Cubs fueron una decepción, pero sus vecinos, los White Sox, protagonizaron una de las sorpresas más agradables de 2026. Después de dos temporadas consecutivas con más de cien derrotas, los Medias Blancas terminaron con 84 triunfos, eliminaron a Houston y llegaron a colocarse dos juegos a cero sobre Cleveland en la Serie Divisional. Estuvieron a una victoria de disputar el campeonato de la Liga Americana, pero los Guardianes reaccionaron y ganaron los tres siguientes encuentros.
La eliminación fue dolorosa, aunque no borra los méritos de Will Venable y sus peloteros. Los White Sox recuperaron competitividad cuando pocos imaginaban semejante avance y demostraron que un proyecto de reconstrucción puede ofrecer resultados mediante trabajo, desarrollo de jóvenes y decisiones deportivas acertadas. También deberán estudiar por qué dejaron escapar aquella ventaja sobre Cleveland, pero su balance es distinto al de los grandes favoritos: mientras otros desperdiciaron expectativas, Chicago reconstruyó buena parte de su credibilidad.
Ahí aparece una cuestión que las organizaciones deberían examinar con seriedad. No basta con responsabilizar al mánager ni con buscar otro contrato multimillonario. Es indispensable evaluar a todo el cuerpo técnico: coaches de bateo, pitcheo, defensa, preparación física, desarrollo de jugadores y especialistas que intervienen cotidianamente en las decisiones deportivas. ¿Se preparó correctamente a los equipos? ¿Se corrigieron los defectos que aparecieron durante el calendario? ¿Se administraron adecuadamente las cargas de trabajo y las lesiones? ¿Se supo ajustar la estrategia cuando el rival encontró la manera de neutralizar a las estrellas?
Tampoco se trata de despedir entrenadores indiscriminadamente. Hay que distinguir entre quienes hicieron bien su trabajo y aquellos cuyos resultados exigen correcciones. Pero las oficinas de las franquicias no pueden lavarse las manos sacrificando al hombre que ocupa el dugout mientras permanecen intactos los problemas que ellas mismas contribuyeron a crear. Un buen mánager necesita jugadores competitivos, entrenadores preparados y una directiva que comprenda las verdaderas necesidades del equipo.
Milwaukee ofrece una referencia que todos deberían estudiar. Matt Arnold, Pat Murphy y los Brewers demostraron que el desarrollo del talento, la preparación, la disciplina y una conducción inteligente pueden imponerse sobre presupuestos extraordinarios. Los Cerveceros fueron el equipo más sólido de la temporada y lo confirmaron conquistando la Serie Mundial. No tuvieron que presumir la colección de nombres más famosa; les bastó con construir un conjunto capaz de jugar mejor cuando realmente importaba.
Ahora vendrá el mercado de agentes libres, las negociaciones multimillonarias y la tentación de resolver todos los problemas abriendo nuevamente las chequeras. Pero ninguna contratación puede corregir por sí sola una preparación deficiente, una estrategia equivocada o un plantel desequilibrado. Los equipos que realmente quieran recuperar protagonismo tendrán que empezar por reconocer sus errores, fortalecer sus estructuras y asumir que los campeonatos se construyen mucho antes de llegar a octubre.
¡SE ACABARON LAS EXCUSAS! LOS DODGERS TIENEN QUE EXPLICAR SU BARRIDA, LOS YANKEES SU NUEVA FRUSTRACIÓN, LOS GIANTS SU DESASTRE Y LOS DEMÁS PODEROSOS SUS PROMESAS INCUMPLIDAS. LOS WHITE SOX DEMOSTRARON QUE SE PUEDE RESURGIR DESDE LA ADVERSIDAD Y MILWAUKEE QUE SE PUEDE CONQUISTAR LA GLORIA SIN TENER LA NÓMINA MÁS OSTENTOSA. ¡ANTES DE GASTAR OTRA FORTUNA EN ESTRELLAS, MÁS LES VALDRÍA REVISAR A QUIENES LAS CONTRATAN, LAS PREPARAN Y LAS DIRIGEN, PORQUE LOS CAMPEONATOS NO SE COMPRAN: SE GANAN JUGANDO MEJOR AL BÉISBOL!
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