Si usted pensaba que el año que entra iba a respirar un poquito, guardar unos pesos debajo del colchón o darse el gustito de salir de vacaciones sin tener que empeñar hasta el perico, permítame decirle que más vale que vaya cambiando de planes. Porque, si las previsiones fiscales se cumplen, el 2027 amenaza con convertirse en otro campeonato nacional de estiramiento del gasto familiar. Y en esa competencia, los mexicanos llevamos años ganando medallas, aunque nadie nos haya preguntado si queríamos participar.
HASTA EN AVIÓN
El asunto viene por varios frentes. Viajar en avión podría salir más caro; ciertos servicios ferroviarios enfrentarían mayores cargas; algunos trámites sanitarios aumentarían considerablemente y los visitantes extranjeros tendrían que desembolsar más para ingresar al país. Dicho en cristiano: hasta para venir a dejar sus dólares a México podrían tener que pagar más. ¡Qué bonita manera de darles la bienvenida!
ZAPATOS Y JUGUETES
Y no crea usted que ahí termina la función. También están los ajustes fiscales y arancelarios que podrían repercutir en refrescos, cigarros, combustibles, bebidas alcohólicas y mercancías importadas. Es decir, la factura puede alcanzar desde el vicio hasta el vehículo, pasando por los zapatos, los juguetes de los chamacos y los electrodomésticos que uno compra cuando los anteriores deciden jubilarse sin previo aviso.
¡Ah, pero qué bonito se escucha cuando todo se llama actualización, ajuste, derecho o modificación fiscal! Son palabras muy elegantes que, curiosamente, pierden buena parte de su encanto cuando aparecen en el recibo, en la caja registradora o en el estado de cuenta de la tarjeta. Porque el impuesto tendrá nombre técnico, pero el dinero sale del mismo lugar: de la bolsa de quien trabaja, produce, compra y paga.
TRASLADAR INCREMENTOS
Y hablando de producir, los empresarios también podrían recibir su propia dosis de emoción fiscal. Los cambios a las deducciones, al tratamiento de las pérdidas y a los intereses deducibles podrían elevar la carga de determinados contribuyentes. Y cuando una empresa enfrenta mayores costos, las posibilidades son varias: reducir gastos, posponer inversiones, apretar la nómina o intentar trasladar parte de esos incrementos al consumidor. Ninguna de esas opciones suena precisamente a fiesta para el trabajador.
Por supuesto, no todos los aumentos están confirmados ni todos los cobros llegarán directamente al ciudadano. Algunos dependen de la aprobación definitiva de las disposiciones y otros recaen inicialmente sobre empresas o sectores específicos. Pero tampoco hace falta ser economista con doctorado en Harvard para entender una verdad elemental: cuando producir, transportar o importar cuesta más, existe el riesgo de que terminemos pagando una parte de la cuenta entre todos.
LLENAR LA DESPENSA
Y aquí es donde conviene ponerse serios, aunque sea tantito. Porque el problema de México no es solamente que suban determinados productos o servicios. El verdadero problema aparece cuando los precios avanzan más rápido que los ingresos, cuando el salario alcanza para menos y cuando la familia tiene que escoger entre llenar la despensa, pagar los recibos, comprar medicamentos o darse el lujo extraordinario de salir a comer sin revisar primero el saldo bancario.
Así que, estimados lectores, más vale ir preparando el presupuesto, revisar los gastos hormiga y desconfiar de esa vieja ilusión de que el dinero se multiplica por dejarlo quietecito en la cartera. En 2027, si se concretan los cambios anunciados, habrá que hacer cuentas hasta para los gustos pequeños. Y eso que todavía no hablamos de las emergencias, porque esas tienen la desagradable costumbre de llegar sin consultar la Ley de Ingresos.
INGR
La reflexión es sencilla: un país no se vuelve más próspero porque recaude más, sino cuando logra convertir sus ingresos públicos en mejores servicios, infraestructura, seguridad, salud y oportunidades; cuando la gente puede pagar sus obligaciones sin vivir permanentemente al borde del siguiente recibo.
Porque una cosa es contribuir al sostenimiento del país y otra muy distinta sentir que cada año nos toca poner más dinero mientras la tranquilidad económica se queda esperando turno.
GUARDE LA TARJETA
Por lo pronto, guarde la tarjeta, cuide la cartera y no se deje llevar por el entusiasmo de las ofertas. Que si 2027 viene con colmillos, más vale reconocerlos a tiempo. ¡Porque a este paso, hasta para apretarse el cinturón vamos a necesitar presupuesto!
Y ahí se las dejo, porque en este país el dinero podrá no alcanzar para todo, pero motivos para hacer cuentas… ¡ésos nunca nos faltan!
