Hace apenas un año, los Dodgers de Los Ángeles despacharon a Milwaukee en cuatro encuentros consecutivos para conquistar el banderín de la Liga Nacional. Ahora los Cerveceros están a solamente una victoria de devolverles exactamente la misma medicina, con una diferencia particularmente dolorosa: podrían completar la barrida en el propio Dodger Stadium, frente a una afición que comenzó octubre soñando con celebrar un tercer campeonato mundial consecutivo. El triunfo de Milwaukee por 6-2 este miércoles dejó al bicampeón abajo 0-3 en la Serie de Campeonato y convirtió lo que parecía una difícil defensa de su corona en una misión que raya en lo imposible.
Porque una cosa es remontar dos derrotas y otra completamente distinta recuperarse de tres, cuando el adversario solamente necesita ganar una vez más y el equipo perseguido está obligado a conseguir cuatro victorias consecutivas. En toda la historia de las Grandes Ligas, solamente los Medias Rojas de Boston, frente a los Yankees de Nueva York en 2004, han conseguido semejante hazaña en una serie a ganar cuatro. Los Dodgers conocen ese antecedente, pero también saben que los milagros deportivos no se producen por el simple hecho de recordarlos.
Lo verdaderamente impresionante no es solamente que Milwaukee haya ganado tres encuentros. Es que ha encontrado diferentes maneras de imponerse a un equipo construido precisamente para dominar este tipo de confrontaciones. Ganó 2-1 el primer compromiso mediante pitcheo y ejecución oportuna, se impuso 7-4 en el segundo gracias a una ofensiva más productiva y un relevo extraordinario, y ahora conquistó el tercero por 6-2 después de superar momentos de presión y castigar nuevamente al pitcheo angelino.
El encuentro del miércoles tuvo durante buena parte de su desarrollo características de auténtico duelo de postemporada. Blake Snell consiguió mantener a los Dodgers en condiciones de competir, aunque Milwaukee aprovechó un cuadrangular para abrir el marcador. Los Ángeles reaccionó y llegó a colocarse adelante 2-1, alimentando la esperanza de que finalmente pudiera comenzar su recuperación.
Pero la ilusión duró poco. Otro batazo de largo alcance devolvió la ventaja a los Cerveceros y modificó por completo el ambiente del estadio. Lo que parecía encaminarse hacia la primera victoria angelina terminó convirtiéndose en una nueva demostración de la capacidad de Milwaukee para responder cuando el adversario amenaza con recuperar el control.
Snell había ofrecido argumentos suficientes para sostener las esperanzas de Los Ángeles. Su trabajo desde la lomita permitió que el equipo llegara competitivo a las entradas finales, pero los cuadrangulares terminaron por inclinar la balanza y dejaron nuevamente al descubierto una realidad que ha perseguido a los Dodgers durante esta confrontación: sus lanzadores pueden mantenerlos cerca, pero la ofensiva no está produciendo lo necesario para ganar.
La diferencia se acentuó durante los últimos episodios, cuando Milwaukee amplió su ventaja hasta llegar a seis carreras. Y ahí apareció un protagonista particularmente interesante para los aficionados mexicanos: Joey Ortiz, pelotero estadounidense de ascendencia mexicana, quien conectó un imparable productor que llevó al plato la sexta anotación de los Cerveceros.
El batazo de Ortiz tuvo importancia tanto deportiva como simbólica. En una confrontación dominada por grandes figuras internacionales y contratos multimillonarios, un jugador de raíces mexicanas contribuyó directamente a colocar al bicampeón contra las cuerdas, ampliando una ventaja que terminó por ser definitiva.
Ortiz no es el único pelotero vinculado con México en Milwaukee. También destaca JoJo Romero, relevista zurdo estadounidense de ascendencia mexicana, quien ha sido una pieza importante dentro de uno de los cuerpos de relevistas más efectivos de esta postemporada. En el segundo encuentro contra los Dodgers trabajó una entrada perfecta, consiguió dos ponches y se acreditó la victoria.
Su aportación representa una de las razones por las cuales Milwaukee ha conseguido defender ventajas frente a una ofensiva que, por nombres y antecedentes, debería resultar temible para cualquier lanzador. Los Cerveceros han demostrado que su bullpen puede neutralizar a las grandes estrellas angelinas, incluso cuando estas necesitan desesperadamente producir carreras.
El contraste con los Dodgers resulta cada vez más incómodo.
Shohei Ohtani llegó a octubre como uno de los principales símbolos del proyecto que pretende construir una dinastía en Los Ángeles. Sin embargo, sus problemas ofensivos obligaron al manejador Dave Roberts a tomar una decisión extraordinaria: colocarlo como sexto bate en el encuentro del miércoles, una posición prácticamente impensable para un pelotero de su categoría.
El movimiento representó mucho más que un simple ajuste en la alineación. Fue el reconocimiento de que la ofensiva angelina atraviesa dificultades profundas y de que incluso sus figuras más importantes han dejado de ofrecer el rendimiento esperado.
Ohtani había acumulado solamente tres imparables en veinte turnos durante los primeros seis encuentros de esta postemporada, sin extrabases. También Will Smith llegaba con números muy inferiores a sus antecedentes, mientras Mookie Betts, Freddie Freeman y otros integrantes de la poderosa alineación encontraban dificultades para convertir oportunidades en carreras.
El problema no puede atribuirse exclusivamente a Ohtani. Los Dodgers disponen de un conjunto extraordinario de bateadores, pero durante esta Serie de Campeonato han sido superados por un equipo que sabe construir ataques, aprovechar errores y conseguir batazos oportunos sin depender de una sola figura.
Milwaukee, por el contrario, ha encontrado protagonistas diferentes en cada partido.
Brice Turang conectó un cuadrangular decisivo en el encuentro inaugural, mientras el novato Luis Lara produjo la carrera de la victoria. William Contreras fue determinante en el segundo compromiso, con tres imparables, un cuadrangular y tres carreras impulsadas. Christian Yelich también aportó producción ofensiva importante, mientras Jackson Chourio continúa representando una amenaza por su capacidad para combinar juventud, poder y velocidad.
El miércoles, la capacidad de castigar mediante cuadrangulares y producir carreras adicionales, incluida la impulsada por Ortiz, volvió a demostrar que los Cerveceros no necesitan depender exclusivamente de lo realizado en las primeras entradas para construir una victoria.
Tampoco debe perderse de vista el trabajo de Pat Murphy. El manejador de Milwaukee ha conseguido que su equipo conserve la disciplina y la confianza que lo llevaron a conquistar 103 victorias durante la temporada regular, la mayor cantidad de las Grandes Ligas. Sus Cerveceros no parecen impresionados por los nombres que tienen enfrente ni intimidados por la historia reciente de los Dodgers.
Por eso sería equivocado presentar lo ocurrido como una simple sorpresa. Milwaukee fue el mejor equipo de la campaña regular y está demostrando que también puede serlo cuando comienza la verdadera eliminación.
Lo sorprendente es la profundidad de la caída angelina.
Hace un año, los Dodgers eliminaron a Milwaukee mediante una barrida de cuatro juegos. Hoy, los Cerveceros están a punto de responder con otra. En 2025, Los Ángeles impuso condiciones y no permitió que su adversario encontrara respuestas. En 2026, los papeles parecen haberse invertido por completo.
Para los Dodgers, el cuarto encuentro será una batalla por la supervivencia. Ya no existe margen para administrar esfuerzos, reservar lanzadores o confiar en que las figuras despertarán dentro de dos o tres partidos. Cada oportunidad desperdiciada puede ser la última.
Milwaukee, en cambio, puede conquistar el banderín este jueves y regresar a la Serie Mundial por primera vez desde 1982, cuando todavía pertenecía a la Liga Americana y cayó frente a los Cardenales de San Luis. Han transcurrido 44 años desde aquella aparición, una espera considerable para una organización que ahora tiene frente a sí una oportunidad extraordinaria.
Sin embargo, mientras en la Liga Nacional parece perfilarse un desenlace cercano, la Liga Americana presenta una confrontación mucho más equilibrada.
Tampa Bay derrotó el martes 3-1 a Cleveland y empató la Serie de Campeonato a una victoria por equipo, recuperándose de la derrota por 7-3 sufrida en el encuentro inaugural.
El triunfo de los Rays tuvo dos protagonistas fundamentales: el lanzador dominicano Freddy Peralta y un error defensivo de José Ramírez, precisamente la gran figura de los Guardianes.
Peralta ofreció una actuación sobresaliente durante seis entradas, permitió solamente cuatro imparables, otorgó dos bases por bolas y consiguió seis ponches, sin aceptar carreras. Su dominio resultó determinante para que Tampa Bay pudiera sostener una ventaja que consiguió mediante un ataque concentrado en un solo episodio.
La cuarta entrada terminó definiendo el partido. Con dos outs, una combinación de velocidad, agresividad en las bases y deficiencias defensivas de Cleveland permitió que los Rays colocaran corredores en posición de anotar.
José Ramírez, quien había sido uno de los principales protagonistas de la victoria inicial de los Guardianes, cometió primero un descuido al dejar descubierta la tercera base durante una jugada de avance de corredores. Poco después no consiguió controlar un rodado de Ben Williamson que terminó escapándose entre sus piernas.
El error permitió que Tampa Bay anotara su primera carrera y mantuviera viva la entrada. Inmediatamente después, Liam Hicks conectó un sencillo productor de dos anotaciones que colocó el marcador 3-0.
Las tres carreras fueron sucias para el abridor Parker Messick, quien había conseguido mantener competitivo a Cleveland, pero terminó pagando las consecuencias de una falla defensiva que resultó demasiado costosa.
El episodio ofrece una de las grandes lecciones de octubre. José Ramírez había sido protagonista de la extraordinaria recuperación de Cleveland frente a los Medias Blancas de Chicago, cuando los Guardianes remontaron una desventaja de 0-2 en la Serie Divisional. También contribuyó de manera importante al triunfo inaugural contra Tampa Bay.
Sin embargo, en apenas veinticuatro horas pasó de figura ofensiva a responsable involuntario de la jugada que inclinó el segundo encuentro. No disminuye su extraordinaria categoría, pero recuerda que hasta los mejores peloteros pueden cometer equivocaciones decisivas cuando la presión alcanza su punto máximo.
Cleveland consiguió descontar en la séptima entrada mediante un doblete productor del novato Chase DeLauter, otro de los protagonistas destacados de su postemporada. Los Guardianes llegaron a amenazar con una reacción más importante, pero el relevista Ian Seymour consiguió escapar de una situación comprometida y preservar la ventaja.
Posteriormente Bryan Baker retiró a los tres bateadores que enfrentó en la novena entrada para conseguir el salvamento y asegurar el empate de la eliminatoria.
También resulta importante la presencia de Jonathan Aranda, el primera base nacido en Tijuana que se ha consolidado como una pieza valiosa de la ofensiva de Tampa Bay. Aunque no consiguió conectar imparable en sus tres turnos del martes, su calidad ofensiva puede adquirir especial importancia conforme avance una serie que promete resolverse mediante diferencias muy estrechas.
Para la afición mexicana existe así un ingrediente adicional en ambas confrontaciones: Joey Ortiz y JoJo Romero participan en el avance de Milwaukee hacia el banderín de la Nacional, mientras Jonathan Aranda busca contribuir a que Tampa Bay conquiste el campeonato de la Americana.
Ahora la confrontación entre Rays y Guardianes se traslada a Cleveland, donde ambos equipos disputarán el tercer encuentro este jueves.
La situación presenta contrastes interesantes. Tampa Bay llegó a la Serie de Campeonato después de barrer a los Yankees, mientras Cleveland necesitó cinco partidos para eliminar a Chicago y posteriormente consiguió ganar el primer compromiso como visitante.
Los Guardianes demostraron que saben responder cuando parecen condenados. Los Rays confirmaron el martes que cuentan con el pitcheo, la disciplina y la capacidad de aprovechar errores suficientes para competir por el banderín.
Stephen Vogt deberá recuperar la concentración defensiva de Cleveland y conseguir que José Ramírez, Chase DeLauter y sus demás figuras ofensivas mantengan la producción. Kevin Cash, por su parte, necesita que Tampa Bay sostenga la calidad de su pitcheo y encuentre mayor continuidad con bateadores como Junior Caminero, Yandy Díaz y Jonathan Aranda.
La Serie Americana está empatada 1-1 y ofrece argumentos para anticipar una disputa prolongada. La Nacional, en cambio, se encuentra al borde de una resolución que habría parecido sorprendente al comenzar octubre.
Los Dodgers todavía tienen posibilidades matemáticas. El beisbol conoce remontadas extraordinarias y nadie debería olvidar que mientras exista un out por disputar, un equipo conserva la oportunidad de reaccionar. Pero tampoco se puede confundir esa posibilidad con una perspectiva razonablemente favorable.
Milwaukee ha ganado tres partidos de tres, dispone de una ofensiva más oportuna, un bullpen de enorme efectividad y una ventaja psicológica considerable. Los Ángeles necesita ganar cuatro encuentros consecutivos contra un adversario al que todavía no ha podido derrotar una sola vez en esta eliminatoria.
Y mientras Tampa Bay y Cleveland apenas comienzan a definir cuál de los dos merece llegar al Clásico de Otoño, los Cerveceros están a un paso de conquistar el primer boleto.
Hace un año, Milwaukee fue la víctima de una barrida que terminó con sus ilusiones. Hoy tiene al verdugo contra las cuerdas, con la posibilidad de devolverle el golpe en su propia casa. Los Dodgers todavía pueden apelar a un milagro, pero los Cerveceros ya no necesitan milagros: solamente les falta una victoria. Y octubre suele ser particularmente cruel con quienes descubren demasiado tarde que las coronas no se defienden con recuerdos.
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