En octubre, los grandes nombres no garantizan grandes resultados, los contratos millonarios no producen carreras y los campeonatos anteriores no aseguran el siguiente. Los Dodgers de Los Ángeles, que buscan su tercera Serie Mundial consecutiva, lo están comprobando ante unos Cerveceros de Milwaukee que demuestran que la disciplina y la ejecución pueden imponerse al poder económico. Cleveland, por su parte, confirma que los equipos subestimados también pueden convertirse en protagonistas.
Milwaukee ganó los dos primeros encuentros ante los Dodgers, 2-1 y 7-4, para colocarse a dos victorias del banderín de la Liga Nacional. No es una sorpresa inexplicable: los Cerveceros terminaron la temporada regular con 103 triunfos, la mejor marca de las Grandes Ligas, y cuentan con un equipo equilibrado y competitivo.
En el primer juego destacaron Brice Turang y el novato Luis Lara, mientras Jacob Misiorowski y el bullpen limitaron a la ofensiva angelina. En el segundo, el venezolano William Contreras conectó tres imparables, incluido un cuadrangular, y produjo tres carreras. Christian Yelich también aportó con el bate, mientras Jake Bauers protagonizó un turno de doce lanzamientos ante Yoshinobu Yamamoto que contribuyó a desgastar al abridor japonés.
El bullpen de Milwaukee terminó retirando consecutivamente a los últimos quince bateadores de Los Ángeles. Entre los relevistas destacó JoJo Romero, estadounidense de ascendencia mexicana, quien lanzó una entrada sin permitir imparables ni carreras y recetó dos ponches. También figura Joey Ortiz, pelotero con raíces mexicanas, cuya presencia añade interés para nuestra afición.
Del lado angelino, las preocupaciones se concentran en sus principales figuras. Shohei Ohtani atravesaba una postemporada ofensiva discreta, con apenas tres imparables en veinte turnos después de los dos primeros encuentros ante Milwaukee. Yoshinobu Yamamoto tampoco respondió a las expectativas: apenas trabajó dos entradas y dos tercios en el segundo juego, obligando al mánager Dave Roberts a recurrir anticipadamente al relevo.
Mookie Betts, Freddie Freeman, Will Smith, Max Muncy y Teoscar Hernández conforman una alineación de enorme calidad, pero acumular estrellas no garantiza carreras. Los Dodgers necesitan bateo oportuno, contundencia con corredores en posición de anotar y serenidad para evitar que la presión de su propio estadio termine jugando en su contra.
En la Liga Americana, Cleveland protagoniza otra historia. Después de remontar una desventaja de dos juegos ante Chicago y ganar tres encuentros consecutivos, los Guardianes volvieron a imponerse, ahora frente a Tampa Bay, por 7-3. Con catorce imparables y siete carreras en las últimas cuatro entradas, demostraron que su capacidad de reacción no fue casualidad.
José Ramírez conectó tres imparables y volvió a ejercer liderazgo con resultados. El novato Chase DeLauter aportó tres hits, incluido un cuadrangular; Patrick Bailey también conectó jonrón, Nathaniel Lowe produjo la carrera que rompió el empate y Jo Adell agregó un doblete de dos carreras.
Tampa Bay, en cambio, comprobó que llegar descansado no significa necesariamente llegar mejor preparado para competir. Aunque cuenta con amenazas como Junior Caminero y el cubano Yandy Díaz, necesita mayor consistencia ofensiva para contener el impulso de Cleveland.
En los Rays también destacan dos nombres para México: Jonathan Aranda, primera base tijuanense consolidado como bateador importante, y el relevista yucateco Manuel Rodríguez. Ambos representan el talento mexicano que busca abrirse paso en el máximo nivel del beisbol profesional.
El contraste es evidente: Milwaukee confirma sus credenciales, Cleveland supera pronósticos, los Dodgers están por debajo de las expectativas y Tampa Bay necesita convertir su potencial en victorias.
Todavía es prematuro dar por definidos los banderines. Los Dodgers tienen talento para remontar, Tampa Bay puede recuperar terreno y tanto Milwaukee como Cleveland deberán evitar el exceso de confianza.
Sin embargo, octubre ya deja una lección: las estrellas también fallan, los héroes inesperados aparecen y el dinero no compra la ejecución dentro del terreno.
Porque los campeonatos no se heredan ni se conceden por antecedentes: se conquistan juego a juego. Y quien lo olvide puede terminar viendo la Serie Mundial por televisión.
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