Esta es la crónica de un fin de semana en el que todo pudo ocurrir pero nada pasó.
Tras varios días de temor e incertidumbre, el debate lo ganaron los del no pasa nada, los meteorólogos de closet que presumían tener acceso al modelo europeo.
Como nunca antes la sociedad vallartense se preparó para hacer frente a un terrible huracán de categoría 4 que estaba proyectado a pasar por encima justo de nuestras cabezas.
Pero mientras algunos tapiaron sus ventanales y sellaron sus puertas con costales de arena, otros, como la cigarra, se tiraron a la hamaca a presumir que no pasaba nada.
Y es que las montañas, dicen, nos protegen de cualquier huracán. Y por si hiciera falta ahí está la virgencita tan milagrosa que nos libra de todo mal.
Fue sin duda un largo fin de semana en el que las calles de la ciudad lucían más desiertas que el otro domingo 22 de febrero, a diferencia de que ahora sí había patrullas por todos lados, mientras el regrandísimo Simón se hacía para la derecha, luego para la izquierda y al ratito para el centro.
Todo Jalisco en vilo mientras los meteorólogos se volvían locos y nos volvían locos tratando de adivinar la trayectoria definitiva. Que pega mañana en Cihuatlán, que siempre no, que ahora va para Vallarta, que siempre no, que ahora apunta a Mazatlán pero a última hora frena, mete reversa, se da tres marometas y apunta a Los Cabos donde podría impactar un día de estos.
Mientras una región completa paralizada, sin transporte público, sin centros comerciales, sin vida. Unas cuantas cantinas abiertas fueron un oasis para locales y extranjeros que no soportaron el encierro y se negaron a obedecer la cuarentena.
Al final llegó el lunes, y el martes, y de Simón ni sus luces. Apenas una tenue llovizna en día de ayer, pero nada para presumir en las redes.
Millones de pesos perdidos en la prevención de una desgracia que por fortuna no ocurrió, pero que alimenta el imaginario de quienes estiman que la amenaza jamás ocurrió, que los gobiernos exageraron la emergencia a niveles injustificados.
El humor popular totalmente desbordado, algunos dando por hecho que el alcalde Luis Munguía había desaparecido al huracán igualito que como desapareció los millones del ayuntamiento.
El colmo de todo, el Pery Cuevas trepado en el mirador del cerro de la Cruz invitando a los turistas a que vengan sin miedo a Puerto Vallarta porque gracias a la sierra que nos protege los huracanes nunca pegan en Puerto Vallarta.
A río revuelto ganancias de pescadores. Virgen María libranos de Simón y estos políticos retrasados que por fortuna nunca han conseguido el poder.
Luego de tres huracanes al hilo Puerto Vallarta está que no cree en nada, por eso estamos listos para recibir a Trudy, porque ya lo dijo el Pery, en Vallarta los huracanes nos pelan los ojos.
Lo malo es que será como Pedro y el Lobo, que cuando finalmente pegue un huracán nos va a agarrar como al tigre de Santa Julia y vamos a pagar muy caras las consecuencias.
Mientras tanto los expertos nos deben una explicación, porque se suponía que tanta experiencia y tanta tecnología es suficiente para predecir la ruta casi exacta del huracán, lo cual a todas luces no ocurrió.
Tal vez porque, como en la canción de Willie Colón, El Gran Simón pasará a la historia como el primer huracán indefinido.
