Ya lo adelantaba yo que “el que con leche se quema, hasta al jocoque le sopla”, y vaya que en Puerto Vallarta nos tomamos en serio el refrán. Aunque el huracán Simón prometía un panorama bastante negro, hasta el momento de redactar estas líneas las afectaciones no han sido de gran magnitud, aunque sí se reportan daños y pérdidas en comercios y restaurantes.
Y si algo debemos reconocer es que los 22 municipios costeros de Jalisco atendieron las instrucciones de las autoridades federales y estatales: evitar traslados innecesarios, suspender actividades no esenciales y buscar lugares seguros. Porque, entre pecar de precavidos y terminar contando inundaciones, mejor que nos sobre el miedo y no el agua.
Simon, que alcanzó la categoría 4 en la escala Saffir-Simpson, llegó a registrar vientos sostenidos de 250 kilómetros por hora y rachas de hasta 305. Su trayectoria lo colocó frente a las costas de Colima y Jalisco, con pronósticos de impacto en Tomatlán y La Huerta, antes de debilitarse rumbo a Puerto Vallarta y Nayarit.
El Servicio Meteorológico Nacional advirtió sobre lluvias extraordinarias, con acumulaciones superiores a los 250 milímetros en algunas zonas. Un escenario que podía resultar catastrófico, especialmente en las regiones más vulnerables. Por eso, la prevención no era exageración, sino una necesidad.
LA AUTORIDAD
Ante este panorama, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, encabezó las acciones de coordinación con las autoridades federales y municipales para atender la contingencia y reforzar las medidas preventivas en la franja costera. Porque cuando la naturaleza amenaza, las diferencias políticas deben quedar bajo techo y la prioridad tiene que ser proteger a la población.
La presidenta Claudia Sheinbaum llamó a la población de Jalisco, Colima, Michoacán y Nayarit a permanecer en sitios seguros. Mientras tanto, el Ejército activó el Plan DN-III-E y las autoridades habilitaron refugios temporales, realizaron evacuaciones preventivas y ordenaron suspender actividades no esenciales.
En Puerto Vallarta, el alcalde Luis Ernesto Munguía informó sobre la preparación de los refugios y el desalojo de personas en zonas de riesgo. Restaurantes, gasolineras y comercios cerraron sus puertas; hoteles cancelaron reservaciones y algunos huéspedes fueron evacuados. También se reforzaron ventanas, se colocaron costales de arena y el aeropuerto suspendió operaciones temporalmente. El cierre se extenderá hasta el martes o hasta nuevo aviso, por lo que se recomienda a los pasajeros mantenerse atentos a la información oficial y consultar directamente con sus aerolíneas.
LAS COMPRAS DE PÁNICO
Los supermercados, por supuesto, vivieron su propia tormenta: compras de pánico, anaqueles vacíos y carritos cargados de agua, atún, sardinas, galletas y todo aquello que pudiera convertirse en alimento de emergencia. Y como SEAPAL anunció la suspensión del servicio de agua, más de uno seguramente pensó que era mejor llenar los garrafones antes de que la necesidad apretara.
En otras zonas costeras también hubo evacuaciones. En Cabo Corrientes, habitantes de Yelapa, Quimixto y Las Ánimas fueron trasladados a lugares seguros; en Tomatlán, La Huerta y Cihuatlán se tomaron medidas preventivas ante el riesgo de lluvias, oleaje y desbordamientos. Nayarit habilitó refugios, mientras Colima y Michoacán también prepararon espacios para recibir a las familias que lo necesitaran.
NO PARECÍA
Por lo pronto, en Puerto Vallarta se ha respetado la autoridad y se han atendido las medidas preventivas. Al menos hasta el momento de escribir esta columna, el saldo no parecía corresponder con el panorama devastador que se había pronosticado. Pero tampoco es momento de echar las campanas al vuelo.
RECORDEMOS…
Octubre es un mes en el que los ciclones todavía pueden mostrar su peor cara. Que Simón termine convertido en una anécdota de susto y precauciones sería, sin duda, la mejor noticia.
Porque una cosa es que el huracán haga mucho ruido y otra muy distinta que nos deje contando los daños. Y si esta vez la prudencia nos ayuda a salir bien librados, que nadie se avergüence de haberle soplado hasta al jocoque.
Más vale prevenir que lamentar.
