Apenas ayer reflexionábamos sobre una de las verdades más exigentes de la postemporada: el último triunfo siempre cuesta más. No basta colocarse a una victoria de clasificar ni tener al adversario contra la pared; hay que conseguir los 27 outs que convierten la ventaja en sentencia. Ahora octubre acaba de ofrecernos tres demostraciones: Dodgers eliminó a Atlanta, Milwaukee terminó con San Diego y Tampa Bay barrió a Yankees. Solamente Cleveland consiguió prolongar su existencia al vencer 9-3 a White Sox, que conserva ventaja de 2-1 y todavía necesita una victoria para completar el cuadro de las Series de Campeonato. Pero aparece una segunda verdad igualmente importante: haber sobrevivido no garantiza absolutamente nada para lo que viene.
Y las eliminaciones tampoco significan necesariamente lo mismo. Atlanta compitió por momentos de tú a tú con Dodgers, pero terminó imponiéndose la profundidad del bicampeón. Padres llegó desde los comodines, cerró fuerte, jugó bien, ganó cuando parecía liquidado y obligó a Milwaukee a trabajar para conseguir el boleto. San Diego no se marcha humillado; simplemente encontró un adversario superior. Yankees, en cambio, vuelve a despedirse dejando preguntas mucho más incómodas. La franquicia más laureada del béisbol continúa sin ganar una Serie Mundial desde 2009. Diecisiete temporadas después de aquel formidable equipo de Derek Jeter, Mariano Rivera y compañía, resulta legítimo preguntarse si el problema es exclusivamente de peloteros o si también comienza desde el escritorio. Aaron Boone y la gerencia deberían quedar sujetos a una revisión seria, porque competir constantemente sin conquistar el campeonato puede satisfacer a muchas organizaciones, pero difícilmente a una cuya historia convirtió ganar en obligación.
Tampa representa precisamente el contraste. Sin la chequera ni la colección de estrellas históricas de Yankees, Rays construyó un equipo que supo ejecutar, aprovechar sus oportunidades y cerrar cuando debía hacerlo. Con el tijuanense Jonathan Aranda entre sus protagonistas, espera ahora al sobreviviente de White Sox y Cleveland desde una posición que permite considerarlo favorito de la Americana, aunque nunca dueño anticipado del boleto. Chicago debe imponerse porque solamente necesita una victoria y Cleveland dos; sin embargo, después del contundente triunfo de Guardians conviene recordar que las matemáticas no siempre gobiernan el diamante. La lógica puede establecer favoritos, pero los partidos se ganan jugando.
Y mientras la Americana todavía espera completar su elenco, la Nacional nos ha servido un auténtico banquete: Dodgers contra Brewers. De un lado estará el bicampeón buscando algo extraordinario en el béisbol moderno, un tercer título consecutivo que convertiría su dominio en dinastía. Del otro, Milwaukee, magnífico durante la temporada, profundo, disciplinado y competitivo, intentando romper esa barrera que tantas veces separa a los grandes equipos de los verdaderos campeones. Dodgers posee figuras capaces de decidir un encuentro con un solo swing; Brewers tiene recursos para desgastar lanzadores, fabricar carreras y convertir los pequeños errores del adversario en ventajas. Además, Milwaukee tendrá la oportunidad de desquitarse de la barrida que sufrió precisamente frente a Los Ángeles en la Serie de Campeonato anterior.
No encuentro un favorito indiscutible para esa confrontación. La experiencia, las estrellas y la condición de campeón favorecen a Dodgers; la profundidad, la consistencia y el hambre de conquistar lo que todavía se le niega respaldan a Milwaukee. Shohei Ohtani, Mookie Betts y Freddie Freeman buscarán prolongar un reinado; Christian Yelich, William Contreras y Jackson Chourio intentarán terminarlo. También seguiremos a Joey Ortiz y JoJo Romero, estadounidenses de ascendencia mexicana que continúan con Brewers, mientras Aranda mantiene viva nuestra presencia en la Americana.
Octubre ya cobró sus primeras grandes víctimas y redujo considerablemente el número de aspirantes, pero también acaba de elevar las exigencias para quienes permanecen. Dodgers, Milwaukee y Tampa pueden celebrar sus clasificaciones; ninguno tiene todavía derecho a celebrar un campeonato. Cleveland sigue peleando y White Sox aún debe cerrar una serie que parecía resuelta. Lo que viene promete magnífico béisbol, particularmente en una Nacional donde el sueño del tricampeonato chocará contra la ilusión de un equipo que quiere dejar de ser promesa.
Porque en octubre sobrevivir es una conquista, pero no una garantía. El último triunfo de una serie cuesta muchísimo; el último triunfo de toda la postemporada es el único que verdaderamente entrega la gloria.
@salvadorcosio1
Opinionsalcosga23@gmail.com
