Dicen que “el con leche se quema, hasta al jocoque le sopla”. Y después de tantos sustos que nos ha dado la naturaleza, en Puerto Vallarta haríamos bien en no confiarnos. Que los fenómenos meteorológicos más severos no hayan llegado directamente a nuestras costas no significa que todos se comporten igual ni que podamos cantar victoria antes de tiempo.
Ahora es Simón quien nos pone a mirar al cielo con cierta preocupación. Y no precisamente porque venga de visita para disfrutar del paisaje vallartense.
AVISO DE LA TARDE
De acuerdo con el aviso número seis del Centro Meteorológico del Pacífico, emitido a las 17:00 horas de este jueves 8 de octubre, la tormenta tropical Simón registraba vientos sostenidos de 110 kilómetros por hora. Se encontraba a 355 kilómetros al sur de Manzanillo, Colima, y a 535 kilómetros al sur-sureste de Cabo Corrientes, Jalisco.
Pero aquí viene lo que merece nuestra atención: el pronóstico advertía una rápida intensificación, con la posibilidad de que alcanzara la categoría 4 de huracán entre viernes y sábado. También contemplaba posibles afectaciones en las costas de Jalisco, Colima y Nayarit.
DE ESO NO SE TRATA
¡Aguas! No se trata de anunciar desgracias ni de echarle más agua al caldo. Se trata de entender que, cuando hablamos de fenómenos naturales, los pronósticos pueden cambiar y la prudencia nunca sale sobrando.
Las alertas y zonas de vigilancia señaladas en el reporte abarcaban tramos de las costas de Michoacán, Colima, Jalisco y Nayarit. Por eso, la recomendación era comenzar con las labores preventivas, mantenerse atentos a los avisos oficiales y seguir las indicaciones de Protección Civil.
Porque una cosa es que Simón termine alejándose y otra muy distinta que decidamos ignorarlo mientras todavía tenemos oportunidad de prevenir.
RECORDAMOS
Y quienes vivimos en Puerto Vallarta tenemos memoria. No necesitamos que un huracán entre de lleno para entender lo que puede provocar la fuerza del mar. Basta recordar a Kenna, aquel huracán que en octubre de 2002 dejó una profunda huella en nuestras costas y mostró que el oleaje, por sí solo, puede convertirse en una amenaza seria y alterar la vida cotidiana.
A veces basta una ola fuera de lo normal para recordarnos que frente a la naturaleza no mandan ni el optimismo ni las ganas de que todo salga bien.
PECAR DE EXAGERADOS
Por eso, más vale que pequemos de exagerados y que al final no pase absolutamente nada. Que las compras preventivas parezcan innecesarias, que los avisos terminen siendo solamente una advertencia y que el fin de semana transcurra en santa paz.
Porque si algo debemos tener claro es que la prevención no es alarmismo, sino responsabilidad. Y estar preparados no significa vivir con miedo; significa no esperar a que el peligro esté frente a nuestra puerta para comenzar a reaccionar.
DIOS QUIERA
Dios quiera que Simón cambie de rumbo, pierda fuerza y nos deje únicamente la anécdota. Pero, mientras eso no ocurra, no está de más tener los ojos abiertos, revisar las recomendaciones oficiales y tomar precauciones.
Que después podamos decir que fuimos demasiado precavidos será una buena noticia.
Porque, cuando se trata de la seguridad de nuestras familias, más vale que nos digan exagerados a que terminemos preguntándonos por qué no hicimos caso a tiempo.
Y hasta aquí las víboras de hoy: con Simón en el horizonte, mejor soplarle al jocoque antes de que la naturaleza nos recuerde quién tiene la última palabra.
