El domingo 22 de febrero de este año, mientras la ciudad ardía en total impunidad, miles de vallartenses se preguntaban dónde estaba el presidente municipal Luis Munguia.
Mientras en Bahía de Banderas el alcalde Héctor Santana se calaba un chaleco táctico y salía a recorrer el municipio al frente de su policía municipal, en Puerto Vallarta el vacío de autoridad fue caldo de cultivo para que los malandros se apoderaran de las calles.
¿Dónde estaba Munguía en esas horas inciertas que se prolongaron hasta el anochecer? Estaba en Cancún, disfrutando de esos frecuentes fines de semana que gusta regalarse a menudo, cuando se deja ver en el aeropuerto en sandalias y bermudas abordando un vuelo comercial muy quitado de la pena.
No extraña que a Munguía le guste Cancún, es el paraíso del Niño Verde y toda su corte de mirreyes emanados del Partido Verde, pero cuando esta en Puerto Vallarta es literalmente un animal nocturno, al grado de programar las sesiones de ayuntamiento para la tarde noche con tal de no verse obligado a “madrugar”.
Durante sus dos años de gobierno la constante ha sido su ausencia, el volverse ojo de hormiga en los momentos en que la ciudadanía más reclama su presencia, algo que le generó enorme malestar en su otrora gran amigo el gobernador Pablo Lemus.
No es coincidencia que el gobernador de Jalisco haya dejado de venir a Puerto Vallarta luego de que por muchos meses fuera una presencia habitual. Al parecer el mandatario estatal ya no está contento con el desempeño del alcalde de Puerto Vallarta.
La cercanía de los tiempos electorales nos está permitiendo ver interesantes cambios de piel y de actitud, deslindes de quienes mamaron dos años y ya no quieren ser arrastrados por la debacle del Año de Hidalgo.
El propio Munguía, luego de soportar por dos años todo tipo de humillaciones, está comenzando a mostrar testosterona y empieza a responder agresivamente a sus críticos cotidianos.
Pero como dice el ChatGPT, aquí la pregunta obligada es: ¿le alcanzará a Luis Munguía un viraje radical para conseguir su reelección?
Los expertos dicen que no, que el daño es irreparable, que el Titanic verde hace tiempo que se hundió. No hay forma de que Munguía vuelva a recorrer el municipio pidiendo el voto popular después de haber traicionado la confianza de 50 mil electores.
Su decisión de no presentar de momento públicamente su segundo informe de gobierno puede ser un claro indicio del pavor que Munguía tiene ya de enfrentarse a las muchedumbres. Supuestamente lo hará el 21 de noviembre, vamos a ver si se atreve.
Para pelear el poder hay que tener mucha hambre, hambre de dinero y hambre de poder. Y tras más de 20 años de quehacer político Munguía ya no tiene hambre, sus alforjas están repletas de doblones de oro que garantizan la estabilidad económica futura de él y sus abundantes vástagos.
Así que seguramente ya debe tener muy claro que le da harta hueva hacer una campaña más, así que no será extraño que negocie una diputación plurinominal
Su reto verdadero consistirá en negociar quién será su sucesor en la alcaldía, del partido que sea. No quiere ni por asomo que Yussara Canales o Melisa Madero tengan la mínima posibilidad de sucederlo porque eso implicaría el riesgo de terminar encarcelado.
Sueña conque lo remplace Juan Carlos Castro Almaguer como candidato de Morena, pero seguramente intentará ser el poder tras el trono empujando una candidatura que le sea leal de manera perruna.
Por eso trae a Lucky Michel del tingo al tango, aunque la señora no le garantice rentabilidad electoral. Pero eso no sería problema para un grupo político que es experto en arrasar elecciones comprando votos, primero con mochivales y finalmente con códigos QR.
Por lo pronto hay que prepararnos para el siguiente huracán, a sabiendas de que las Glorias volverán a inundarse y la Versalles será una vez más una impresionante Venecia de caca.
Lo bueno es que los de Protección Civil y Bomberos sí hacen bien su chamba, porque en el avión de Munguia sólo hay lugar para sus gerentes.
