Lo que vivimos la noche del pasado lunes fue, por donde quiera que se le quiera mirar, una jornada histórica. Histórica para Morena. Histórica para el Partido Verde.
Y, qué cosas tiene la política, también histórica para el Partido del Trabajo… aunque no precisamente para presumirla en la sobremesa.
Porque mientras unos repartían posiciones, otros contaban los espacios y unos más seguramente contaban hasta las canas, el Verde salió de la jornada con una cosecha que difícilmente podrá calificarse de pequeña.
En el reparto de las 17 coordinaciones estatales rumbo a 2027, el Partido Verde logró colocar perfiles en posiciones estratégicas. En Nayarit apareció Jasmine Bugarín; en Baja California Sur, Manuel Cota Cárdenas; y en Quintana Roo, Gino Segura, aunque éste formalmente es de Morena y mantiene cercanía política con el Verde. Y en San Luis Potosí, Morena decidió competir por separado, dejando al Verde con la posibilidad de impulsar a Ruth González Silva. ¡Caray!
Si esto fuera una partida de póker, alguien tendría que revisar debajo de la mesa para ver si no había cartas marcadas.
Porque el Verde, ese partido que muchos siguen viendo como el socio pequeño de la transformación, de pronto resultó que no era tan pequeño.
Y si alguien todavía pensaba que Jorge Emilio González Martínez —el famoso Niño Verde— estaba políticamente de vacaciones, pues parece que no.
El muchacho no solamente salió a jugar: parece que hasta escogió la cancha.
Y mientras el Verde avanzaba, el PT se quedó con cero. Cero. Redondo. Bonito. Pero cero al fin.
El Partido del Trabajo, que en otras ocasiones ha levantado la voz para reclamar que también quiere meter cuchara en las decisiones de la llamada Cuarta Transformación, esta vez terminó viendo cómo la cuchara se la llevaron otros.
Y aquí viene lo interesante.
Porque el PT puede protestar, puede inconformarse, puede decir que no se respetaron acuerdos y puede reclamar que el procedimiento no fue el que esperaba. De hecho, Alberto Anaya ya había cuestionado públicamente el proceso de encuestas y la participación de los aliados.
Pero una cosa es gritar…
Y otra muy distinta es romper.
Y ahí está el detalle.
Porque salirse de la alianza no es como levantarse de la mesa, recoger el plato y decir: “ahí nos vemos”.
Hay algo que se llama financiamiento público, estructura electoral, posiciones y supervivencia política.
Y cuando el dinero público y los espacios de poder están sobre la mesa, hasta los más bravos suelen recordar que una cosa es ladrar y otra aventarse al monte.
Así que podrán chillar, patalear, reclamar y hasta aventar el mantel…
Pero, al final, probablemente tendrán que volver a sentarse donde mismo.
Sentados o parados.
Ahora bien, hay otra lectura que no deja de llamar la atención.
Durante meses hemos escuchado hablar de reglas, encuestas, competitividad, paridad, trayectoria, territorio y, por supuesto, de la necesidad de cuidar los perfiles que representarán a la transformación.
Y vaya que hubo ejemplos.
En Nayarit, por ejemplo, Citlalli Hernández reconoció que Héctor Santana ganó la encuesta, pero explicó que la aplicación del criterio de paridad llevó a que Jasmine Bugarín fuera la elegida.
Ahí está precisamente una de las grandes enseñanzas de esta jornada:
En política puedes ganar una encuesta y no necesariamente ganar la candidatura.
¡Qué bonita frase para ponerla en un cuadro!
Porque luego resulta que las encuestas son democráticas… hasta que dejan de ser suficientes.
Y entonces aparecen la paridad, los acuerdos, la competitividad, la coalición, la estrategia y quién sabe cuántas variables más.
Y eso no necesariamente significa que haya algo irregular.
Significa que la política tiene muchas puertas.
Y no todas se abren con la misma llave.
También quedó fuera Andrea Chávez en Chihuahua, donde Morena se decidió por Cruz Pérez Cuéllar. La disputa había sido una de las más observadas dentro del partido y estuvo acompañada de cuestionamientos públicos sobre la campaña adelantada de la senadora y de su cercanía política con Adán Augusto López Hernández.
Y aquí conviene no inventar mensajes que nadie ha pronunciado.
Pero sí podemos hacer una pregunta:
¿Está Morena tratando de mandar la señal de que habrá límites para determinados perfiles, particularmente aquellos que han cargado con cuestionamientos públicos?
Eso lo tendrá que responder la dirigencia.
Lo que sí está a la vista es que algunos nombres que parecían caminar con el acelerador hasta el fondo terminaron encontrándose con un semáforo en rojo.
Y entonces llegamos al Verde.
Porque resulta imposible no recordar aquella escena del primero de octubre de 2024, cuando Claudia Sheinbaum besó la mano de Manuel Velasco durante su toma de protesta.
La imagen dio la vuelta al país.
Después, la propia Presidenta explicó que se trató de un gesto de reciprocidad: dijo que acostumbra devolver el beso cuando alguien le besa la mano.
Hasta ahí, todo claro.
Pero la política, como las víboras, tiene memoria.
Y hoy, viendo el tamaño de la cosecha verde, aquella fotografía vuelve a aparecer en la memoria colectiva.
No porque un beso determine una candidatura.
¡Faltaba más!
Pero porque la política mexicana está llena de símbolos.
Y algunos símbolos, aunque duren apenas un segundo, se quedan mucho tiempo en la fotografía.
Lo cierto es que el lunes el Verde salió bastante contento.
Morena hizo sus cuentas.
El PT hizo corajes.
Y los aspirantes que quedaron fuera seguramente hicieron cuentas todavía más largas.
Porque ésta fue apenas una estación de un tren que todavía tiene que recorrer todo 2027.
Y si algo nos enseñó la noche del lunes es que en la política de la transformación ya no solamente hay color guinda.
También hay verde.
Mucho verde.
Y parece que algunos ya descubrieron que el pequeño partido aliado no solamente quiere acompañar el viaje…
También quiere escoger el asiento de la ventana.
Y al PT, mientras tanto, sólo le queda una pregunta:
¿Se va a bajar del camión?
Porque si decide hacerlo, tendrá que caminar con sus propios pies.
Y si decide quedarse…
Pues tendrá que aprender que en política, como en el juego de las sillas, cuando se acaba la música, no todos alcanzan asiento.
Y esta vez…el Verde sí alcanzó. El PT, no.
Así de simple.
Así de verde.
Y así de venenosa viene la cosa.
