Lo ocurrido ayer en la selección de los Coordinadores de la Transformación dejó una enseñanza que, para quienes hacen política, seguramente será anotada con tinta roja y, para quienes andaban recorriendo territorio, quizá hasta con lágrimas de cocodrilo: en política, trabajar mucho no siempre significa que el premio termine en tus manos.
Puedes recorrer calles, visitar colonias, estrechar miles de manos, gastar suela, saliva y hasta zapatos; puedes convertirte en visitante frecuente de ejidos, comunidades, barrios y plazas públicas.
Pero cuando llega la hora de decidir… resulta que hay una pequeña cosa llamada reglas.
Y ahí es donde más de uno descubre que el juego no siempre se gana como uno pensaba.
Porque Morena, hay que reconocerlo, no es el PRI.
Nomás que, a la hora de escoger candidatos, parece que algunas viejas mañas de la política mexicana aprendieron a cambiarse de camisa.
Ayer quedó clarísimo.
Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, fue la encargada de dar a conocer los resultados del proceso.
Y entonces vino la sorpresa.
En el caso de Nayarit, explicó que quien había obtenido el triunfo en la medición era Héctor Santana García, pero que la aplicación de la cuota de género modificaba la decisión.
Y el nombre que apareció fue el de Jasmín Bugarín Rodríguez, vinculada políticamente al Partido Verde. ¡Zas!
Ahí fue cuando medio salón se quedó más frío que una cerveza olvidada en el refrigerador.
La Muchos de los presentes en el World Trade Center simplemente no daban crédito.
Porque una cosa es participar en una encuesta y otra muy distinta es descubrir que después de la encuesta viene la calculadora, y que la calculadora también vota.
Y ahí está precisamente la enseñanza.
La política no solamente se gana en territorio. También se gana —o se pierde— en las reglas del partido.
Muchos de quienes estaban ahí respaldaban a Geraldine Ponce, alcaldesa de Tepic, quien, tras no ser seleccionada como defensora de la Cuarta Transformación, anunció que no regresaría a ocupar la presidencia municipal.
Ahora falta saber qué hará Héctor Santana.
Porque el alcalde de Bahía de Banderas también fue protagonista de una escena que no estaba en el libreto de muchos.
Santana llegó a la Ciudad de México con expectativas y regresó con el reconocimiento de haber ganado la medición en Nayarit, aunque la decisión final terminó favoreciendo a otra persona.
La pregunta ahora es inevitable: ¿Regresará a Bahía de Banderas a continuar con su responsabilidad municipal o comenzará a escuchar otras ofertas?
Porque, como sucede en política, cuando una puerta se cierra… de inmediato aparecen quienes preguntan si habrá una ventana abierta.
Y seguramente habrá más de uno frotándose las manos.
En Nayarit, por ejemplo, no es ningún secreto que desde hace tiempo se ha hablado de la posibilidad de que Santana pudiera ser recibido con los brazos abiertos por Movimiento Ciudadano.
Pero ojo: hablar de una posibilidad no significa que exista un acuerdo.
Hasta este momento no tenemos elementos para afirmar que Héctor Santana vaya a cambiar de camiseta.
Eso pertenece, por ahora, al terreno de las especulaciones.
Lo que sí quedó demostrado ayer es otra cosa.
Que en política puedes ser muy popular, puedes ganar una encuesta, puedes tener territorio, estructura y miles de simpatizantes…
pero si las reglas dicen otra cosa, las reglas son las que terminan hablando.
Y quizá esa sea la verdadera víbora que dejó ayer el proceso:
No siempre gana el que más trabaja.
A veces gana el que entra en la combinación correcta.
Y cuando la política empieza a jugar con cuotas, acuerdos, alianzas y equilibrios partidistas, hasta el que llevaba ventaja tiene que mirar debajo de la mesa para saber dónde quedó la bolita.
Así es esto.
Un día estás recorriendo territorio buscando convencer a la gente…
y al siguiente descubres que también había que convencer a quienes escribieron las reglas.
Porque en política, como en las víboras, nunca sabes por dónde viene el siguiente mordisco.
