Caro está pagando el partido Morena su decisión de pasar por encima de la ley electoral y adelantar los tiempos para madrugar con sus candidatos a los 2 mil puestos de elección que estarán en juego el año entrante.
Sin el menor rubor Morena violó abiertamente la ley al iniciar el proceso interno de selección de candidatos con el pretexto de estar designando a sus coordinadores estatales, distritales y municipales, quienes en automático serán sus candidatos en las elecciones del año entrante.
Pero lo que pareciera una excelente idea en la práctica no lo es porque amenaza con llevar a Morena a su primer gran escenario de ruptura interna debido a la gran cantidad de decepcionados que está dejando el proceso.
Prueba de lo anterior es el retraso en el nombramiento de las siete coordinaciones estatales que están pendientes, entre ellas las de Nayarit y Sonora, que deberán resolverse en cualquier momento de esta semana.
Y aunque se puede decir que Morena es el nuevo PRI, ese partido ha olvidado algunas claves para mantenerse 80 años en el poder gracias a la disciplina interna.
El PRI alargaba hasta el último minuto permitido por la ley la designación de sus candidatos para evitar que los no favorecidos se fuera a la oposición.
Cuando el PRI empezó a romper sus reglas surgió el fenómeno de los “cacha votos”, como los nombró Carlos Salinas de Gortari, cuando PAN y PRD, principalmente PRD, empezaron a abrir sus puertas a los priistas resentidos.
La primera gran ruptura llegó en 1988 con el frente opositor encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, que facilitaría el camino para que Andrés Manuel López Obrador finalmente le diera el triunfo presidencial a la izquierda mexicana.
Hoy la peor ralea del viejo PRI milita en Morena y se disputa con el ala dura de la izquierda mexicana el control del partido, sin que quede claro qué facción terminará imponiéndose en el mediano y largo plazo.
Mientras tanto, las tribus de Morena se desangran en una auténtica guerra civil que no tiene buena cara. En lo que se refiere a los procesos locales el escenario es similar al de los estados.
Cándidamente los aspirantes a la candidatura municipal de Morena se apuntaron en un proceso que no tiene reglas claras, sometiéndolos a un profundo desgaste que les roba mucho dinero y horas de sueño.
Tanto Juan Carlos Castro Almaguer como Ra Aguilar están sometidos a un proceso interno agotador que les ha causado un evidente agotamiento físico y emocional debido a los más de cuatro meses que ya llevan en campaña.
Y lo peor de todo es que apenas está por salir la convocatoria para que los aspirantes a la candidatura de Morena a la alcaldía se puedan registrar, lo que se espera ocurra esta semana.
A partir de que salga la convocatoria deberán registrarse y, ahora sí, realizar una campaña interna para tratar de ganar una encuesta que al final del proceso nunca conocerán.
Será a finales del año cuando los dirigentes de Morena les dirán quién será el elegido, supuestamente ganador de la encuesta, pero está más que claro que en Morena las encuestas son un embuste, predominando el dedazo.
En este escenario los dos precandidatos más conocidos de Morena en Puerto Vallarta deberán enfrentarse a otros aspirantes que entrarán al proceso frescos, sin gastar ni un solo peso, principalmente Bruno Blancas y Yussara Canales.
En la danza también anda la regidora Melissa Madero, cuyos operadores políticos ya han filtrado algunas encuestas en las que literalmente barre cuando es colocada como candidata de Morena.
Lo mejor de todo vendrá cuando Morena defina a su candidato y quede abierta la puerta para que los perdedores busquen la candidatura en otros partidos, porque resulta que de acuerdo a la ley el registro oficial será hasta el próximo año, allá por el mes de marzo.
