Hubo un tiempo en que el mayor peligro al dejar a los hijos en la escuela era que se les olvidara la tarea, que llegaran sin lonche o que el profesor mandara llamar a los papás por alguna travesura.
Hoy la historia es otra. Ahora el riesgo comienza desde que uno abre la puerta del automóvil.
A SANGRE FRÍA
El caso que reportó “Notiespaciopv” nuestro buen amigo y colega Romualdo Camacho vuelve a encender los focos rojos en Puerto Vallarta. Una madre de familia acababa de dejar a su hija en un plantel de la colonia Versalles y caminaba tranquilamente de regreso a su vehículo cuando un sujeto se le acercó con toda la sangre fría del mundo.
Sin decir “buenos días”, sin pedir permiso y mucho menos disculpas, le colocó un cuchillo a la altura de las costillas para exigirle su iPhone. Imagínese usted el susto.
A PLENA LUZ DEL DÍA
No era precisamente una promoción para cambiar de compañía telefónica… era un delincuente haciendo de las suyas a plena luz del día.
La mujer, como cualquier persona sensata, entregó el teléfono. El sujeto corrió unos cuantos metros y abordó una camioneta blanca donde, según testigos, ya lo esperaba su cómplice para desaparecer como por arte de magia.
NOS PASA A TODOS
La víctima apenas tuvo fuerzas para correr hasta su domicilio y pedir ayuda al 911, mientras vecinos y empleados de una taquería gritaban intentando detener al ladrón.
Llegaron la Policía Municipal, Protección Civil y hasta el operativo de búsqueda. Lo que no llegó fue el responsable.
Y es que ya nos estamos acostumbrando a una película que cambia de actores, pero nunca de final.
TERRENO FÉRTIL
Lo verdaderamente preocupante es que los alrededores de las escuelas parecen haberse convertido en terreno fértil para los amantes de lo ajeno. Los delincuentes saben perfectamente que, durante las entradas y salidas de clases, madres y padres llevan la atención puesta en sus hijos, cargan mochilas, loncheras, termos, tareas, uniformes… y, por supuesto, celulares.
INCÓMODA REALIDAD
Para los maleantes, es el horario de mayor productividad.
Mientras unos forman ciudadanos, otros perfeccionan su carrera criminal. Y aquí viene otra realidad incómoda.
QUEDÓ EN EL PASADO
Puerto Vallarta dejó hace mucho de exportar solamente postales de playa y atardeceres. También se ha convertido en destino para delincuentes que llegan de distintas latitudes: de la Ciudad de México, Guadalajara, Tepic y de muchas otras ciudades donde la inseguridad hace tiempo dejó de sorprender. Algunos vienen buscando trabajo honrado, por supuesto, pero otros encuentran en este destino turístico un excelente mercado para hacer de las suyas.
Porque aquí hay turistas.
Hay dinero.
Hay celulares de alta gama.
Y, lamentablemente, muchas oportunidades para escapar.
CIRCULO VICIOSO
Luego viene otro capítulo de esta novela de nunca acabar.
Si la policía logra detenerlos, resulta que pocas veces existe una denuncia formal. No porque las víctimas los perdonen, sino porque denunciar implica perder horas enteras entre declaraciones, trámites, vueltas y papeleo. Hay quien debe regresar al trabajo, atender a sus hijos o simplemente continuar con su vida.
El resultado ya lo conocemos. Sin denuncia sólida, la ley tiene las manos atadas. Los presuntos delincuentes permanecen retenidos apenas el tiempo que marca la legislación y, poco después, vuelven a caminar por las calles como si nada hubiera pasado.
Y entonces regresan al mismo negocio. El robo de hoy financia el robo de mañana.
Así, Vallarta vive atrapado en un círculo vicioso donde la policía detiene, las víctimas desisten, la ley libera y los delincuentes reinciden.
DESCONFIANZA
Un auténtico “cuento de nunca acabar”. Mientras tanto, los ciudadanos seguimos aprendiendo nuevas rutinas de supervivencia: esconder el celular, mirar sobre el hombro, caminar con desconfianza y acelerar el paso cuando vemos a alguien demasiado interesado en nuestras pertenencias.
TRISTE, PERO CIERTO
Qué triste. Porque nuestros hijos deberían entrar a la escuela pensando en matemáticas, español o ciencias. Y sus padres deberían regresar al automóvil pensando en el trabajo…
No en si el próximo examen será de ortografía… o de sobrevivencia.
