Dicen que en Puerto Vallarta el sol nunca se esconde… pero lo que sí se escondió —y feo— fue el turismo nacional en estas vacaciones de Semana Santa y Pascua. Y no, no es percepción de víbora venenosa: es realidad que se siente en el malecón, en los restaurantes y, peor aún, en los bolsillos.
NO LLEGARON
Porque mientras los extranjeros siguen llegando —benditos sean y que no se nos espanten—, el mexicano, el de a pie, el que llenaba camiones, vuelos y playas… simplemente no vino. Y eso dolió más que quemadura de mediodía sin bloqueador.
MENOS VUELOS
En el Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta se notó la anemia turística: menos vuelos, menos movimiento y más caras largas. Y no es que la gente no quiera venir… es que aquí tampoco les dimos muchas razones nuevas para hacerlo.
EL FESTIVAL DEL OSTIÓN
Porque mientras en el vecino incómodo —pero aplicado— de Bahía de Banderas se pusieron las pilas con el ya sabroso y convocante Festival del Ostión en Bucerías, aquí en Vallarta seguimos esperando a que la inspiración nos caiga del cielo… o mínimo del mar.
PESCADO EMBARAZADO
¿De verdad a nadie se le ocurrió impulsar el festival del “Pescado Embarazado”? Sí, ese manjar tan nuestro, tan de playa, tan de historia vallartense… pero que parece que solo vive en la memoria de los locales y en uno que otro puesto perdido. Mientras otros crean experiencias, aquí dejamos pasar tradiciones.
MEDIOS NACIONALES
Y luego nos preguntamos por qué destinos como Tapalpa empiezan a jalar reflectores —aunque sea por razones polémicas— y terminan apareciendo en medios nacionales como Reforma, El Informador y Proceso. Porque nos guste o no, lo que se mueve… se nota. Y lo que no, se queda en el olvido.
PRESUMIMOS, PERO…
Aquí, en la que presumíamos como la ciudad que “sonríe” y la más “amigable de México”, parece que la sonrisa ya es más nerviosa que auténtica. Porque la falta de creatividad en las instituciones encargadas de promover el turismo —sí, esas de todos los niveles de gobierno— ya no es un detalle: es un problema.
Y ojo, que no se trata solo de traer artistas caros o eventos de relumbrón. Se trata de entender que el turismo también se construye con identidad, con sazón, con ingenio… con esas cosas que Vallarta tiene de sobra, pero que nadie está sabiendo empaquetar.
FESTIVAL DE “LA SILLA VACÍA”
Porque si seguimos así, vamos a terminar organizando el “Festival de la Silla Vacía”… y ese sí que no queremos que se vuelva tradición.
Algo se tiene que hacer. Y rápido. Porque el turismo no espera… y mucho menos perdona la flojera.
MENOS DISCURSOS Y MÁS IDEAS
Así que, señores de la promoción turística: menos discursos y más ideas. Menos escritorio y más calle. Porque Vallarta no necesita milagros… necesita ganas. Y de esas, últimamente, andamos cortos.
