No hay nada más predecible que un huracán, y a pesar de ello cada que pasa uno de gran magnitud terminamos lamentando las consecuencias.
El huracán Polo desde su aparición se presentó como uno de los más poderosos de la historia, y aún así no nos preparamos para enfrentar su paso, que por suerte para los vallartenses fue a mucha distancia de la costa.
Un monstruo categoría 5 debería de asustar a todos, pero no es así, porque mientras el meteoro pasaba frente a las costas de Jalisco cientos, miles de bañistas, disfrutaban de las olas en un mar embravecido.
A lo largo del sábado 26 de septiembre los rescatistas de Protección Civil estuvieron salvándole la vida a los intrépidos bañistas que no estaban dispuestos a perder ni un solo día de sus vacaciones.
Hay registro público de por lo menos cinco salvamentos que pudieron terminar en tragedia, y todo mientras todas las playas de la Bahía estaban marcadas con bandera roja, lo que prohíbe a los bañistas ingresar al mar.
Por desgracia una turista no logró ser rescatada cuando disfrutaba del fuerte oleaje frente al hotel Playa de Oro, sin que hasta el momento se haya recuperado su cuerpo.
También durante ese sábado una embarcación de lujo se hundió por completo frente a Boca de Tomates, aunque por fortuna sin pérdidas humanas que lamentar.
Lo de las palapas destrozadas en Boca de Tomates es lo de menos, sus propietarios ya saben el enorme riesgo que corren al operar en esa playa tan salvaje que en cada huracanazo es literalmente devorada por el mar.
Lo mismo pasa con la zona de Las Glorias, donde en cada tormenta de mediana importancia literalmente se convierte en una nueva Venecia, demostrando que nuestros funcionarios y empresarios son inútiles por igual al no tener la capacidad de resolver ese problema histórico.
Pero las penurias del compita de las nieves que de pronto quedó entre las olas en el malecón de la Marina sí es algo que se pudo evitar, si las autoridades se hubieran tomado la molestia de desalojar el malecón ante el alto riesgo de que creciera el oleaje, como finalmente ocurrió.
De igual forma con las vidas humanas nadie debiera jugar. ¿Por qué estamos lamentando una vida extraviada cuando se sabía que nadie debería estar dentro del mar?
Fallan las autoridades de Protección Civil y fallan los empleados de los hoteles, que permiten que sus huéspedes ignoren las señales de riesgo que están a la vista de todos.
O al menos eso suponemos. ¿Realmente en cada hotel se coloca una bandera y se le hace saber a sus huéspedes las condiciones reales del mar?
Sería bueno realizar una investigación a fondo, porque una vida humana no tiene precio.
