Hay gente que de plano tiene una relación muy extraña con los huracanes.
Ven que viene uno de dimensiones aterradoras y, en lugar de decir: “Dios quiera que no nos pegue”, parecen decir: “¡A ver si ahora sí nos toca!”
Como si un huracán fuera concierto, desfile o juego mecánico.
“¡Que pase por aquí para ve qué se siente!”
Pues sí… ¿qué podría salir mal?
Nada más que una casa sin techo, un negocio inundado, un vehículo convertido en bote y una familia preguntándose cómo diablos va a empezar de nuevo.
DESDE EL CELULAR
Porque una cosa es mirar el mapa desde el celular, seguir la trayectoria de “Polo”, ver los colores que indican su intensidad y jugar al meteorólogo de sobremesa.
Y otra muy distinta es tener el viento arrancándote las láminas, el agua entrando por la puerta y los árboles cayéndose frente a tu casa.
Ahí se acaba la curiosidad.
Ahí ya nadie dice: “¡Qué padre, nunca había vivido un huracán así!”
UNA PROBADITA
Polo nos dio una probadita de lo que puede hacer la naturaleza cuando se pone seria.
Llegó a alcanzar categoría 5 y posteriormente bajó a categoría 4. Y aunque por fortuna su centro no pasó sobre Puerto Vallarta ni Bahía de Banderas, sí nos recordó que vivimos en una región donde el mar, la montaña, los ríos y los arroyos pueden convertirse en una combinación bastante poco amable cuando las condiciones se juntan.
Y aquí viene lo importante:
“Polo” no pasó sobre nosotros.
Gracias a Dios.
VOLTEAMOS AL CIELO
Nos rozó, nos hizo voltear al cielo, revisar pronósticos, poner atención a las autoridades y, seguramente, a más de uno le hizo asegurar ventanas, levantar cosas del patio y pensar dos veces en eso de “a ver qué se siente”.
Y ojalá siga perdiendo fuerza.
Porque ahora su trayectoria apunta hacia Baja California Sur, y detrás de un fenómeno de esta magnitud siempre queda la preocupación por las comunidades que sí pueden recibir sus efectos de manera directa.
POR ENCIMA
Y mientras tanto, nosotros deberíamos aprovechar esta oportunidad para entender algo muy sencillo:
La suerte no sustituye a la prevención.
Hoy “Polo” no pasó encima de Bahía de Banderas.
Hoy nos tocó la parte amable de la historia.
Pero nadie sabe cuál será el siguiente.
Y cuando llegue uno que sí venga derecho, que sí traiga toda la fuerza, que sí nos ponga contra las cuerdas, entonces quizá entendamos que un huracán no es algo que uno quiera “experimentar”.
Los huracanes no son espectáculo. No son reto.
No son contenido para presumir en Facebook.
Y tampoco son una competencia para ver quién aguanta más.
LA DESTRUCCIÓN
Son fenómenos naturales capaces de destruir en horas lo que a una familia le costó años construir.
Así que esta vez, Polo pasó rozando.
Y qué bueno.
Que siga de largo.
Que siga perdiendo fuerza.
Y que nosotros sigamos teniendo esa bendita suerte.
Porque hay experiencias que uno puede contar sin necesidad de vivirlas.
Y créanme: un huracán categoría cinco es una de ellas.
Pásela bien y que tenga un maravilloso día.
